¿Tuvo un mal día en la escuela?

         
Por: Redacción

¿Cómo regular la tristeza de un niño después de un mal día de escuela?… La escuela tiene la facilidad de ser un espacio de aprendizaje, desarrollo y trascendencia, el cual requiere de momentos difíciles que pueden llegar a abrumar a los pequeños. Al reprobar un examen o no entender alguna noción importante de una materia, pueden ser factores que desencadenen sensaciones de tristeza, decepción y frustración. Por lo que, cuando nosotros, figuras de cuidado, vemos que nuestros hijos sufren, somos víctimas de una ligera sensación de culpa por no haberlos protegido como consideramos que debimos hacer.



Pero es importante recordar que son esos momentos de tristeza y frustración en los que ellos adquirirán herramientas necesarias para desarrollar su resiliencia. A través del amor y apoyo de las figuras parentales, los niños estimularán su desarrollo con seguridad, fortaleza, confianza y realismo para enfrentar momentos críticos y dolorosos: “Sólo de ese modo podrán ser capaces de regular sus impulsos y sentimientos, crear planes realistas así como destrezas en la comunicación y solución de problemas, desarrollar la confianza en sí mismos, entre otras habilidades.”

Para lograr que nuestro pequeño desarrolle herramientas de resiliencia, es indispensable desterrar toda esta serie creencias en que el conflicto (y, en consecuencia, la tristeza) es un fracaso en la vida; ya que, al saber canalizar esta sensación, podemos aprender a ser felices y a trascender. Y es que, parafraseando a Frederich Nietzsche, lo que se hace con amor, siempre está más del bien y del mal.

No obstante, siempre surge esta duda de cómo lograrlo, de descubrir las herramientas útiles y específicas que puedan brindar este apoyo resiliente a nuestros hijos. Cuando en realidad, estas herramientas nacen de nuestras propias experiencias y deseos de cuidado. Y es que, realmente sólo basta con pasar tiempo con nuestros hijos para apoyarlos en sus proceso. A continuación te compartimos algunos ejemplos:

Recuérdales que siempre estarás ahí para lo que necesiten, como por ejemplo “Te esperaré”, “Tenemos tiempo”. Son frases que requieren tan sólo unos segundos, pero que tienen un potencial importante para el desarrollo psicoafectivo de nuestros hijos.

Acepta una invitación que pueda hacer a la otra persona feliz: “Sí, podemos ver juntos una película”, “Sí, podemos leer otro cuento”, “Sí, puedes oprimir el botón”. Pequeñas alegrías que le permiten sentirse valorado y amado.

Rechaza una invitación que te hará feliz a ti para pasarla con tus hijos: “Gracias, me encantaría pero por el momento no”. Guarda energía y tiempo para alguien que la necesita.

Puedes preguntarle de manera directa: “¿cómo te puedo ayudar?”, y así hacerle saber que estás interesado en ayudarle a sentirse mejor.

Recuérdate que eres importante para alguien más: alguien está contando contigo, y tú necesitas estar tanto para ti como para ese otro. Y eso es digno de celebrarse.