¿Tu niño no come?

¿Has experimentado que las horas de comida pueden convertirse en un dolor de cabeza cuando intentamos lograr que los niños se terminen todo aquello que hay en su plato? En especial cuando se trata de verduras, como el brócoli o las coles de bruselas. Esta gran hecatombe habitual tiene el potencial de que los niños realicen una asociación negativa con la comida, e inclusive que haya ciertos alimentos que sólo quieran consumir las 24/7.

Las posibilidades de ganar esta pelea pueden ser pocas, sin embargo ¿es realmente necesario generar esta tensión en relación con la comida?, ¿cuáles son las implicaciones de que nuestros hijos sean tan demandantes y especiales con la comida?



De acuerdo con una investigación realizada en Duke University School of Medicine, los niños que tienen cierta aversión intensa a algunos alimentos se han asociado con síntomas de desórdenes psicológicos como ansiedad, depresión y TDA-H. Los niños con esta característica son proclives a presentar ansiedad social hasta siete veces más, y a tener diagnóstico de depresión hasta dos veces más que sus coetáneos sin esta situación. En otras palabras, la aversión intensa hacia ciertos alimentos puede ser un indicador de otros problemas.

En este estudio se encontró que, tras una investigación de tres años, la aversión no causa problemas psicológicos ni viceversa, sino una correlación entre los dos. En palabras de Nancy Zucker, psiquiatra y autora de la investigación, este tipo de niños no son simplemente necios o tiránicos hacia sus padres, sino un hipersensibilidad hacia el mundo (el cual es innato):

“Su experiencia sensorial es más intensa en áreas del sabor, la textura o la visión. Son niños sensitivos que pueden estar ansiosos o un poco deprimidos, por lo que cortarles de diferentes maneras la fruta no será un truco útil para estos niños.”

¿Entonces cuál es la solución?

Dr. Laura Jana, pediatra de la Universidad de Nebraska Medical Center y coautora de Food Fights: Winning the nutritional challenges of parenthood armed with insight, humor and a bottle of ketchup, explica que la investigación permite abrir nuevas alternativas a la alimentación de los hijos, sin generar culpabilidad a los padres por no estar haciendo suficiente. Los padres necesitan recordar que la comida no se presenta por sí sola, ya que ésta juega un papel importante en el desarrollo del infante: “La manera en que los niños se comportan en relación con la comida está asociado con la forma en que ellos interactúan con el mundo en general. No es de sorprendernos que los niños que se encuentran tentados por la comida, puedan sentirse también tentados en la vida.”

Ante la hipersensibilidad en el medio ambiente, lo mejor que se puede hacer, de acuerdo con Dr. Jana, es ser un buen modelo en los propios hábitos alimenticios:

“Este es el trabajo de todo padre, el colocar en frente de los niños la comida saludable y ya es el trabajo de los niños el escoger si se lo come o no. […] Las experiencias positivas alrededor de las comidas familiares tiene impactos en las conductas saludables así como en los alimentos que se están sirviendo.” En otras palabras, al enfatizar en que las comidas familiares son lugares sagrados acompañados de tiempo de calidad, de afecto, tranquilidad y felicidad pueden hacer toda la diferencia.”

Fuente:

“Mi niño no me come”, González Carlos, Ed. OBStare