Lecciones de vida para aprender a vivir sin culpa

“Mi madre solía decirme que la única herencia que realmente importaba era la educación –la constancia de su apoyo en los momentos de crisis, la guía acerca de lo que me haría feliz, la adaptación de mi vida alrededor de valores básicos como la responsabilidad, la autonomía, el respeto, la empatía–. Y es que, más allá de la educación académica, se trata de una crianza respetuosa y de amor con sus sabios consejos:

En vez luchar por ser popular, procura encontrarse a ti por ti. Cuando lo hagas, nunca estarás sola; inclusive encontrarás los recursos necesarios para superar cualquier miedo al que te enfrentes.

Come un postre al día. No se trata de una recompensa, sino de un derecho para consentir a tu cuerpo y a tu ser. Es rendirle un honor a tu cuerpo, para disfrutarlo en su completa extensión. No te niegues este derecho –úsalo–.

Di “no” al menos una vez al día. No te preocupes por complacer a todos, pues no puedes hacer todo para complacer a todos. Al decir no, estás respetándose a ti misma y a tu energía. Confía, las personas respetarán más cuando digas que sí, ya que tendrán un mayor significado –nadie cuestionará tu presencia ni tu intención.

Nunca te sientes culpable de alejarte de tu familia, de viajar o de irte hacia una aventura. “No quiero que seas mi báculo de la vejez. Sólo mantente en contacto.” Te di a luz para otorgarte la libertad, estés donde estés.

Está bien si algunas de las clases que estás tomando son aburridas. Tienes razón, pero también el comprender que estás cultivando otros valores como la paciencia, la disciplina y la fortaleza para resolver el problema. Esto será el fundamento que te permitirá preservar cada reto y experiencia en la vida.

Por favor, no esperes hasta el matrimonio para iniciar con tus prácticas sexuales. Sólo hazlo cuando te sientas lista, con alguien con quien te sientas en confianza, y de manera protegida y segura.

Si vas a comprar algo que te gusta, no lo compres inmediatamente. Medítalo antes de comprarlo.

Ten fe en cualquier religión que tú elijas. Sólo ten fe. Practícala diario. Vívela y experiméntala.

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Escucha a tu intuición, ese pequeño elemento en vientre, tus brazos o tu pecho. Estas sensaciones, como las voces de tu inconsciente, son las que te están cuidado por y para tu propio bienestar.

Encuentra cualquier actividad física que te satisfaga –que calme tu mente y te vuelva devotx a ti misma. Encuentra “eso” que mantenga a tu mente y cuerpo conectado, de modo que trabajen juntos de una manera saludable.

Reconoce tu existencia. Dios (Buda, Alá, Gaia, Universo…) te puso en esta Tierra con un legado, sólo tienes que verlo. La manera en que lo hagas es a través de la experiencia de la vida. Ver a la vida como un viaje te permitirá aprender todo lo que puedas, leer lo más que te permitas, bailar lo más que desees, hablar y escuchar lo más que tus fuerzas te permitan, hacer lo mayor posible, viajar las mayores veces posibles… Este legado ya está dentro de ti, sólo necesitas permitir que destelle para que tu legado ayude al mundo.

Ante una crisis, mira al mundo. Obsérvalo en su profundidad. Siéntate afuera de la casa, observa las estrellas en su inmensidad. Aprécialo. Apréhendelo. Cuídalo. Ámalo.

Pregúntate cómo estás acerca de una relación, una profesión, una clase, un trabajo. ¿Te sientes feliz y animada?, ¿Te sientes letárgico y abrumado? Si es la segunda opción, quizá es tiempo de cambiar…

Escribe tus pensamientos. La mejor guía para conocerte es reconocer tus pensamientos. Escríbelos. Léelos.

Limpia tu recámara como una manera de respetar a tu espacio y tu mente. La claridad vendrá de manera afortunada.

Recuerda que la persona más importante para tu bienestar, eres tú. Sólo tú podrás hacer los cambios que desees lograr en tu camino.

Fotografía principal: Tumblr