Su hijo es transgénero y sus padres lo han apoyado en todo

         
Por: Redacción

Su hijo es transgénero y sus padres lo han apoyado en todo…

El amor de los padres a sus hijos es tan abstracto, tan infinito, tan difícil de cuantificar. Deseamos tanto el bienestar como la felicidad de nuestro hijo, y por ende tratamos de guiarlo de la mejor manera para que lo logre. Sin embargo, hay ocasiones en que la felicidad de nuestros hijos se enfrenta contra los requisitos de etiqueta social. 

Como es el caso de la familia Whittington: un matrimonio regular con una bebé en camino. En el 2007 Hillary supo que estaba embarazada de su primera hija: Ryland. Cuando nació era saludable, bella y alegre, sus padres no sabían la gran lección de vida que ella protagonizaría (todos, cada uno de nuestros hijos traen consigo inmensas enseñanzas). En su primer año confirmaron que ella era sorda y pronto pudieron darle las herramientas necesarias para que pudiera oír y hablar. Los Whittington pensaron que habían pasado un gran reto, pero en cuanto Ryland pudo hablar, ella constantemente afirmaba “soy niño”.

Conforme iba creciendo, sus gustos por películas y juguetes de acción iban enfatizando cierta masculinidad. Se encontraba en un estado entre dos identidades de género: era niña pero se identificaba con los hombres. Sufría porque su “género asignado” (el femenino) no era el que ella quería (el masculino), ella se sentía niño, se identificaba con los niños y quería ser niño. Empezó a mostrar rechazo por las cosas que se consideran de niñas, prefería los disfraces y los juegos de niños y muchas veces sus padres pensaban que solo era una fase…

Lo que consideraron una etapa no pasó y el comportamiento masculino se hizo mas marcado. Sus padres, en la búsqueda de bienestar y felicidad de su hija, se informaron y buscaron apoyo. Descubrieron que Ryland, como nombraron a su hija, era transgénero: una persona que vive en otro rol de género del que realmente “pertenece”. Para ellos, la lección de vida que su hija les ofrecía era el que se convirtieran en la guía para aceptar y superar el proceso, o en obligarla a “ser normal” (y vivir en la infelicidad). Algo mas estaba sucediendo dentro de Ryland y sus padres estaban poniendo atención.

Consultaron toda la información disponible, expertos y profesionales y todos llegaron a la misma conclusión: Ryland era transgénero, a pesar de haber nacido con una anatomía femenina, su cerebro se identificaba con el de un niño y descubrieron una estadística que prendió todas sus alertas, el 41% de las personas transgénero terminan sus vidas con el suicidio por la falta de aceptación social y decidieron no correr ese riesgo, empezaron a apoyar la transición de Ryland de inmediato, le cortaron el cabello, se empezaron a referir a su hija como hijo, cambiaron su vestuario y su habitación (colores y juguetes), redactaron cartas para familia, maestros y amigos explicando la situación familiar, perdieron algunos, pero muchos siguieron a su lado y ganaron muchos mas.

Aprendieron que la mayoría de los niños definen su género entre los 3 y los 5 años de edad, que la conducta de Ryland no estaba generada por estilo de vida, costumbre o modo de crianza, que en realidad no pasada NADA. Ryland seguía siendo saludable, guapo y sobretodo extremadamente FELIZ.

El mundo está cambiando, la empatía es un valor que debemos forjar y crear en casa, es un trabajo diario, los niños y las niñas del mundo necesitan ser felices y somos los padres el canal para apoyar e iluminar ese camino de felicidad que les es otorgado desde el nacimiento.

Esta es la lección que la familia Whittington tiene que ofrecer: 

 

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