Regalitos en el camino…

De repente volteo y veo, en el salón de belleza, a Linda, una pequeñita de cinco años haciéndose el pelo, las uñas y leyendo una revista de moda,  absolutamente segura de sí misma.

Y así, en un segundo, me vi niña, llena de certeza, confiando en la vida sin necesidad de nada, de ninguna otra cosa que no fuera el solo hecho de estar viva.

Gracias chiquita, porque con tu sola presencia me regalaste paz, me hiciste sonreír desde el alma, con una de esas sonrisas que llenan el corazón.

Claudia Lizaldi

Redacción

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