Que el juego nos acompañe siempre

         
Por: Mina Albert

El juego nos ha acompañado a lo lago de la historia, es ese cómplice que nos permite ensayar acerca de lo que se trata la vida. Gracias al juego fue que comenzamos a entender sistemas de reglas y consecuencias. También nos ayudó a seguir instrucciones y a proyectar sueños y anhelos que más tarde se convirtieron en una realidad.



 

A través de las experiencias lúdicas los niños y niñas desarrollan procesos de aprendizaje además de consolidar sus necesidades sociales y afectivas. Es con el juego como conocemos nuestro entorno, durante ese tiempo también se detona la creatividad y se estructuran diferentes habilidades fundamentales del desarrollo tales como autoestima, psicomotricidad, lenguaje, atención y memoria.

 


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Así es, cuando estabas eligiendo quien iba a buscar en las escondidillas con el siempre democrático zapatito blanco zapatito azul en realidad estabas desarrollando tus habilidades sociales y aprendías a interactuar de manera respetuosa y ordenada los códigos o normas de convivencia.

 

Y justo ahora mientras tu pequeño o pequeña está construyendo ese edifico con sus bloques favoritos esta acuñando en su cerebro, formas, colores, profundidad, la capacidad de crear y construir, está lidiando con la frustración y siendo resiliente cada que algo se cae o no queda a la primera.

 

El juego es fundamental para su desarrollo cognitivo, para consolidar su personalidad y sentido de identidad, por esto es importante que busquemos juguetes que sean adecuado para ellos, que estén avalados por una autoridad en términos de control y calidad para que tengas la tranquilidad que los materiales han sido diseñados especialmente para ellos.

 

Como papás podemos involucrarnos en sus juegos, esto no solamente es positivo para fortalecer su vínculo emocional, sino también para conocer cuales son las cosas que los inspiran o las que les preocupan. Y recuerda durante el juego ellos tienen el control, deja que su imaginación te guie y te recuerde lo emocionante que era salir de la atmosfera en esa nave espacial de cartón de última generación.

 

Que el juego nos acompañe siempre, no sólo durante la infancia, que sea de nuevo el hilo que une familias. No perdamos la bonita costumbre de sentarnos en una mesa a jugar y recordar que, aunque no ganemos el tiempo que pasamos juntos es oro molido.