Por qué confundimos los nombres de nuestros hijos cuando los llamamos

         
Por: Redacción

¡-“Antonio”-, -“María”-, -“I…”-, -“tú”-, ¡¡”Pablo”… bájate de ahí”!!

¿A quién no le ha pasado que se le vienen a la mente los nombres de los hijos que tenemos cuando los llamamos?, ¿Parece una broma que la propia mamá (o el papá) se confundan cuando necesitan pasar un mensaje a uno de ello y todos los nombres se vienen de golpe?… No, no te estás volviendo loca, no es la edad y no es tampoco que hagas 20 cosas al mismo tiempo que cuidar a tus hijos…

Esta situación (que le pasa a muchas madres y padres con mas de un hijo), fue estudiada por psicólogos y neurocientíficos de la universidad norteamericana Duke University. Los resultados se publicaron en el Journal Memory & Cognition. Para el estudio escogieron madres de todas las edades. El problema era común. Los resultados arrojaron que esto no tiene que ver con la edad o memoria de la madre o con el parecido entre los hijos… Se trata de un error cognitivo porque el cerebro usa redes semánticas para almacenar información.

1. Lo común es asociar nombres que se parezcan fonéticamente lo cual es una razón válida que provoca la confusión, por ejemplo “Mateo y Matías”.

2. El estudio demostró que sucede con los nombres de los hijos y los de las mascotas. Madres (y padres) también confunden  el nombre de sus hijos con el de las mascotas y viceversa.

3. El cerebro forma grupos de nombres según el vínculo afectivo que tenemos con las personas (hijos o hijas). Los hijos comparten un mismo vínculo con sus padres, es como almacenar esa información en el mismo folder dentro de un mismo cajón en el cerebro. Cuando ocupas el dato el cerebro te los da al mismo tiempo para ahorrar tiempo y espacio y además los ubica en un mismo nivel o jerarquía afectiva y eso lleva a usarlos todos al mismo tiempo. Por eso al pensar en ellos el cerebro nos juegue una mala pasada. Sucedería lo mismo con el grupo de amigos. Tal vez te haya sucedido y hayas confundido el nombre de un amigo al hablar de él con otros amigos…

La conclusión del estudio es esta: el cerebro tiende a relacionar a las personas de nuestro entorno por grupos: la familia, los amigos, los compañeros de trabajo… Y lo hace, sí, para ahorrar espacio. Si el cerebro se despista en un momento en el que vamos acelerados o nuestros pensamientos van de prisa (urgencia de dar una instrucción por ejemplo), sucede la confusión, aunque en seguida reaccionamos remendando el error.

Así que si te sucede, si alguna vez llamaste a Antonio por María o viceversa o hiciste el repaso de los nombres de todos tus hijos antes de dirigirte al indicado esa es la razón: el cerebro y su peculiar manera de organizar y recuperar la información.