Pese a promesas de pronta vacuna vs COVID 19, su efectividad no será garantía

Mientras autoridades de distintos países y laboratorios aseguran que una vacuna contra el SARS-CoV-2 podría estar disponible pronto, incluso a finales de este año, desde la Organización Mundial de la Salud y distintos expertos e instituciones independientes advierten que su efectividad no estará garantizada.

Este fin de semana, la comisaria de Sanidad de la Unión Europea, Stella Kriakides, manifestó que la anhelada vacuna podría estar lista a finales de este 2020. Aunque admitió que ésta “no va a resolver todos los problemas de una sola vez”.



El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dicho que incluso esto podría ocurrir antes de las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre.

Por su parte, el gobierno ruso anunció hace unos días un plan de vacunación masiva en octubre próximo, incluso en su ejército ya se ha estado aplicando la vacuna desarrollada por el Instituto Gamaleya, no obstante, este proyecto no ha publicado ningún estudio de los resultados de sus pruebas.

La OMS  ha solicitado a Rusia que siga los estándares internacionales para la producción de vacunas.

En realidad, sólo hay 3 de las que se tienen reportes más avanzados y son las llevadas a cabo por Sonovac Biotech en China; la de la Universidad de Oxford y el gigante farmacéutico AstraZeneca, y la desarrollada por el laboratorio Moderna en Estados Unidos.

Foto: UNICEF

Esta carrera por obtener la vacuna más efectiva parece más una ambición política, nacionalista o comercial que un auténtico propósito de salud.

El propio director de la OMS, Tedros Adhanom Gebreyesus, advirtió que quizá nunca se alcance la bala de plata que mate a coronavirus causante de la actual pandemia.

Consultada por la BBC de Londres, una experta en vacunología tropical de la Universidad de Baylor, en Houston, Estados Unidos, coincide en que aún está por verse cuán efectivas serán las primeras generaciones de vacunas.

Al responder a cuestionamientos de los lectores, admitió que las vacunas pueden no ser perfectas y quizá no protejan al 100 por ciento y sólo reduzcan la severidad de la enfermedad, pero pueden ayudar a reducir el riesgo de muerte.