Nuestros hijos, nuestro espejo

La primera forma de aprendizaje de la que dispone un ser humano es la imitación, nos guste o no nuestros hijos son nuestro espejo, ellos reflejan nuestras virtudes y nuestros defectos, se construyen a si mismos a través de nuestra visión del mundo, nuestras limitaciones son sus primeras limitaciones, nuestros miedos los suyos, nuestras carencias sus primeras debilidades.

Esto puede ser un motivo de presión y miedo pero también puede ser un pretexto para nuestra propia evolución, cómo pedirles que coman bien cuando no lo hemos logrado nosotros mismos, que sean positivos si a las primeras de cambio ya estamos lamentando nuestra mala suerte, que piensen bien de otros cuando sólo nos escuchan criticar todo y a todos.



No todo es malo, por supuesto que todos somos un engranaje en la evolución y disponemos de fortalezas que se convierten en sus propias virtudes, nuestra alegría los contagia, nuestra lucha diaria los inspira, nuestros logros son escalones en su propia historia, para evocar lo mejor de ellos es nuestro deber gestar y trabajar nuestra mejor versión re-educarnos, salirnos de la caja, pensar y actuar amorosamente, hacer de nuestro día a día una fuente de posibilidades infinitas, en principio trabajando nuestras creencias cultivando nuestra voluntad y capacidad de logro.

Meditar, comer sanamente, cultivar relaciones de respeto, llevar vidas sanas, hacer ejercicio elegir el agua por sobre las bebidas azucaradas, practicar la impecabilidad de la palabra, es decir callar cuando no tengamos nada bueno que decir y crear y construir en positivo con nuestra palabra, amarnos a nosotros mismos, respetar nuestros propios procesos, entender el proceso de “los otros” y aceptarlos con compasión antes que criticarlos, dar, compartir nuestro tiempo, participar en comunidad, sembrar en positivo, todo esto por nosotros mismos en principio, impactando en su vida y su creación para siempre.

Enojarnos con ellos cuando pierden la paciencia, cuando mienten, cuando lastiman a otro niño, cuando comen mal, cuando sus maestras nos hablan de lo que hay que corregirles es perder la oportunidad de oro de vernos en su espejo y cambiar nosotros mismos eso que en ellos es sólo una manifestación de quienes somos y lo que nos falta por lograr y evolucionar.

Seamos conscientes de la oportunidad y la bendición que significa ser padres, vivamos despiertos, pero despiertos a plenitud, humildemente, con la certeza de que somos capaces de cuanto sueño llene nuestro corazón.

 

Fotografía principal: 55Laney69