Niños índigo, cristal o arco iris (parte II)

A partir de la primera publicación de este tema, muchos padres se han acercado a mí para preguntarme si su hijo es cristal o índigo o arcoíris…y lo más importante ¿Cómo poder relacionarse con ellos mejor?  y ¿Cómo ayudarlos a ellos a realizarse en este plano?

Bueno, empecemos por contextualizarnos un poco en la etapa que estamos viviendo y cuál es el rol de estos niños cristal e índigo en nuestra sociedad.



Si le damos un poco de tiempo a recordar la historia de nuestra evolución, podemos darnos cuenta que si hemos avanzado…Que se nos dan oportunidades todos los días para hacer la diferencia,  y que ese avance ¡si se ve! y la prueba está en que hoy la consciencia colectiva es mucho mayor. Hace 100 años… ¡Que sabíamos sobre los derechos para los animales, el respeto a la vida, a los ecosistemas, a la vida en general…casi nada! Y gracias a todo ese aprendizaje de vida…, hoy tenemos mucho más consciencia de lo que debemos de hacer para preservarnos.

Es un hecho que el mundo de hoy está en una etapa de cambios fuertes, y difíciles de entender, pero todo esto es parte del recordarnos de nuevo lo que es realmente importante (el amor y el crecimiento espiritual que viene con él).

Los que son padres de niños con características cristal/índigo podrán darse cuenta del gran conocimiento/sabiduría que tienen de nacimiento, y que para nuestras mentes es algo increíble, difícil de entender cómo pueden saber tanto siendo tan pequeños. Pero esa es la maravilla de tenerlos aquí. Si ellos te eligieron como padre/madre, es un gran honor, y es muy importante darles toda nuestra dedicación y amor incondicional, para hacer de su vida en este mundo lo más provechoso y feliz posible.

Su espíritu, viene aquí por amor, pero esto le representa un gran desafío y, a la vez, una gran motivación. Son grandes seres espirituales jugando a ser niños. Es nuestro trabajo como padres, darles contención, y comprensión. Sin juicios ni paradigmas sociales… solo abran su corazón y ámenlos.

Para que esta adaptación, que en su esencia implica un cambio y sacrificio muy grande, sea saludable y feliz, se deberá contemplar especialmente la educación que el niño recibirá.

Actualmente muchos educadores manifiestan que el niño no tiene voluntad para nada. Si bien esto se acentúa en la adolescencia, hoy es un tema frecuente en niños de cualquier edad.

Si buscamos sus causas en lo externo, podemos deducir que una educación meramente intelectual, carente de sentido y pasión, la excesiva exposición a la TV o juegos de red y un entorno privado de armonía y salud pueden ser algunas de sus principales causas. Pero si indagamos más en lo profundo, veremos que esto es resultado de una forma de enseñanza general, que pareciera querer adiestrar, incluso doblegar, la voluntad espiritual, que son las puras ganas, ánimo y entusiasmo de ser parte del mundo en el que se vive.

Toda esa motivación de dar, aprender y vivir en este plano, pueden llegar a disiparse si están llenos de un ambiente de prohibiciones, juicios, miedos, e imposiciones.  Si quieres que tu hijo sea un niño obediente, con voluntad y motivado en su vida… ¡Déjalo ser!  ¡Acompáñalo en sus gustos! ¡No dejes que su espíritu apague esa parte de aprender y dejar en este mundo el legado que vienen  a dejar!.

Estos pequeños y grandes seres tienen una gran misión: recordarnos quiénes somos; lograr que despertemos nuestro poder, y nos reconozcamos capaces de generar la evolución en nuestras vidas, que aportará evolución a la humanidad.

Muchas problemáticas actuales se deben a algo esencial: los niños no están siendo mirados por lo que son, y están siendo catalogados como desobedientes, rebeldes, intolerantes, enfermos, etc., todo, justificado en las formas que encuentran para comunicarse y para hacerse escuchar.

Por lo tanto… cerrando un poco este tema:

Los niños solo necesitan y realmente exigen, que todo adulto que se presente como su guía, se pregunte ante ellos: ¿Quién eres?, ¿De dónde vienes?, ¿Qué puedo hacer para ayudarte con tu misión de vida?

Haciendo esto estamos saliendo de la comodidad de siempre estar clasificando o descalificando al niño por su comportamiento. Estamos generando dentro un movimiento interior, que permitirá la apertura de un nuevo lugar para el niño: el lugar que ha venido a ocupar en esta familia, en esta escuela, en este mundo.

Ana Sofia Chufani