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Crianza, Experiencias, Familia, Nacimiento, Ser Padres

Mensaje de papá a mi hija…

  • Nuestro adorado colaborador nos comparte del fondo del alma los cambios que en la profunda consciencia le ha generado su pequeña hija… Una imperdible y entrañable nota.

Es un tema que me viene tocando a la puerta desde el nacimiento de mi hijo, ahora ya de seis años de edad, sin embargo; ahora enriquecido con el nacimiento de mi pequeña hija, Elah, ya por cumplir un años dos meses. 

Después de ser testigo de el amor de un padre por su descendencia, amor que le ha llevado a reconocerles en la mirada de cualquier extraño, que le ha permitido abrazar al extraño como amigo, al enemigo como un amigo, ahora un amor que lo hace todo exponencial en la llegada de una hija. Una bebé que te lleva a profundizar más aún en la relación hombre/mujer donde a través del tiempo uno puede regresar para recrear desde su postura y distancia cualquier relación con un nuevo entendimiento; desde otro nivel de consciencia. 

Elah, mi pequeña adorada, ahora la princesa de mis sueños, que ha llegado para cederle sin duda alguna el puesto de reina a su madre y ocupar ella, el de princesa. Ella ha llegado para tocar fibras muy delicadas, generando un mayor y más profundo respeto por la mujer. Amigos que me han dicho “verás tus pecados en tu hija”, deberían saber que muy por encima de bendita maldición, es todo lo contrario. Doy firme testimonio de una oportunidad renovada para ver mi pasado desde el profundo respeto y la admiración que mi hija constantemente genera en mí por la vida a mi alrededor. Ella me permite reconocer en las sutiles palpitaciones de un corazón, la vibración de un amor tan delicado y finamente encuadrado, lo suficientemente poderoso para no volver a juzgar jamás a una mujer. Algo lo suficientemente poderoso para reconocerle su lugar como Hija de un Creador que viene a reflejarle al hombre su inmenso potencial como padre.

Elah Rosario, me brindas el regalo de una sutil y aún grandiosa oportunidad de reconocerte en toda mujer y de adorarte como en la omnipresencia, que a donde quiera que voy, mi mirada refleja el amor que como padre has venido a generar en mi. 

Hija amada, gracias por extirpar de mi una  nueva forma de reconocerte -a través del amor-, en toda la vida a mi alrededor; en cada mirada, en cada sonrisa y en cada ser que caminando el camino elige ser para mí un reflejo de ti. 

Por hacerme ver y sostener lo mejor de mi…

Namaste, amor de mi corazón. 

Eammon Sean Kneeland

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