Madre y mujer, dos diferentes roles sobre los que necesitas reflexionar

Cada pareja llega al mismo tema: la planeación de una familia: ¿quérran tener unx hijx?, si es así, ¿cuántxs hijxs tendrán?, ¿quién se responsabilizará económicamente de la familia?, ¿quién se encargará de la logística de la crianza?, ¿quién llevará a cabo la limpieza del hogar?, entre otros temas.

En el tema existen varios factores en juego, los cuales comienzan desde que nos preguntamos, sinceramente, cuán cómodas nos sentimos siendo mujeres y, por tanto, con nuestro rol en la sociedad. Para llegar a esas conclusiones, es indispensable primero observar, desde fuera, el status quo de nuestra propia familia: ¿quién es el responsable de llevar el dinero a casa y quién es que pone el orden logístico (limpieza, alimentación y crianza) en el hogar?, ¿cuál es la percepción y expectativa que tu familia tiene al respecto del hombre y de la mujer como seres profesionales?, ¿cuáles son las diferencias de conductas esperadas entre el hombre y la mujer cuando se sale con amigos, se sientan a la hora de la comida, la manera de comer?

tumblr_nmspjuk4P51ups6rho1_500En un enfoque tradicional, la función principal de una mujer es engendrar, quedarse en el hogar para toda la vida. Sin embargo, ¿qué pasa cuando una mujer simplemente desea primero enfocarse en su profesión? Normalmente, se le señala y critica sobre su “antifeminidad”. Y ahora, por otro lado, ¿qué pasa cuando una mujer simplemente desea quedarse en casa a cuidar a sus hijos a lo largo de su desarrollo? Normalmente, se le acusa de holgazana y mantenida. Entonces, ¿qué salida le queda a la mujer?

La escritora chilena Lina Meruane explica que una mujer requiere emanciparse de la “impunidad tiránica de los hijos y terminar con la dictadura social de la gestación”, donde se estereotipa a la mujer como un productor de bebés, quien requiere de la perfección para ser considerada como un mínimo pedazo de ser humano. Es decir que para que una mujer pueda ser considerada como humana necesita ser madre perfecta y angelical (“servicial, silenciosa, sonriente, sentimental: la madre dispuesta a sacrificarlo todo por los demás”). De lo contrario, si la mujer toma la decisión de tener un papel activo en el ámbito laboral (en vez del familiar), la tildan de “distraída” o “enferma”; o quizá hasta le llueven comentarios de “[e]spérate y ya verás; al rato tendrás ganas”.

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Esto se trata de un estilo de violencia simbólica, la cual existe entre la presión social y las mujeres. Son ellas quienes deben poner a prueba su propio paradigma de vida. Es en ese momento cuando la mujer necesita aprender a autorregularse, a dejar esa manía de asumirlo todo, a dejar en otra dimensión el ideal añejo del sacrificio femenino de ser “la excelente-profesional, la buena sustentadora (aun cuando haya un marido proveedor); la dulce esposa y la siempre dispuesta amante y la madre espléndida: doña perfecta.”.

¿Pero hasta cuándo es suficiente reflexionar y empezar a actuar? Una vez habiendo reflexionado al respecto, entonces nos damos cuenta que al liberarnos de esta “tiranía” de la sociedad, es posible empezar a estructurar el “quién soy yo”. De una manera independiente de la pareja, los hijos, la familia y la profesión, empezamos a distinguir que somos seres con creencias, pensamientos, sentimientos y conductas diferentes a las que los demás (e inclusive una misma) esperan de nuestro rol como hija, pareja y madre. Nuestro corazón hacia nuestros seres queridos no sólo se llena con el amor, sino se expande conforme compartimos nuestra esencia. Nuestra esencia trasciende al expandir nuestro ser de manera multifacética, conscientizando que existe un universo entre los roles de la vida y que, en cada distancia entre ellos, resplandece la mujer intuitiva y racional que cree, piensa, siente, actúa, vive… 

María José C.A.

Twitter de la autora: @deixismj