Los lazos sociales son parte importante de nuestra salud mental

         
Por: Redacción

Los lazos sociales son parte importante de nuestra salud mental, esto es el cómo nos relacionamos con los demás…



Matthew Lieberman, un distinguido psicólogo social y neurocientífico, básicamente se ganó la lotería, pues le ofrecieron 3 millones de dólares por ocupar una plaza académica. Esa es la cúspide para un investigador de psicología pero si aceptaba el empleo, tendría que irse a vivir a Moscú durante los próximos 4 meses, el gran “pero” es que no podría llevar a su esposa ni a su hijo de 7 años.

El más reciente libro de Lieberman se llama Why Our Brains Are Wired to Connect (Porqué nuestra cerebros están tableados para conectar) y trata sobre las relaciones interpersonales y por qué son una parte central. Mediante investigación psicológica y neurocientífica, Lieberman confirma la sentencia de la Política de Aristóteles:

“El hombre es un ser social por naturaleza, aquel que no sea capaz de seguir una vida común o es completamente autosuficiente y por tanto no es parte de una sociedad, es un animal o es un dios.”

Los científicos han debatido durante mucho tiempo a qué se debe el tamaño del cerebro en los humanos. El antropólogo Robin Dunbar ha encontrado que la capa más exterior del cerebro, la neocórtex, es el indicador más importante del tamaño cerebral de las especies y se relaciona estrechamente con el tamaño de su grupo social. Los humanos tenemos un cerebro grande con relación al tamaño de nuestro cuerpo porque nos sirve para socializar.

Los científicos creen que los primeros homínidos con cerebros tan grandes como el de nosotros aparecieron hace aproximadamente 600 mil o 700 mil años en África. Conocidos como Homo heidelbergensis, especie que se cree antecesora al Homosapiens y a los neandertales. Reveladora, parecen ser los primeros homínidos en tener una división del trabajo –cazaban en grupo– y campamentos centrales, además de enterrar a sus muertos.

Cada vez que no estamos haciendo alguna actividad, como el lapso entre resolver un problema y otro, o cuando estamos descansando, el cerebro cae en una configuración neuronal llamada “red neuronal por defecto”.

Lo principal de la red neuronal por defecto, según la investigación de Lieberman, es que se ve casi igual que cualquier otra configuración cerebral: “La red neuronal por defecto nos lleva a pensar acerca de la mente de otros: pensamientos, sentimientos y metas.” Cuando sea que tenga un momento libre, el cerebro tiene un reflejo automático de ser social. ¿Por qué el cerebro que conforma sólo 2% de nuestro peso corporal y consume 20% su energía, emplea sus recursos limitados en razonamiento social en lugar de conservarla relajándose?



“La evolución ha hecho una apuesta” dice Lieberman para The Atlantic, “de que lo mejor que puede hacer nuestro cerebro en cualquier rato libre es prepararse para lo que viene en términos sociales.”

La evolución sólo hace apuestas si hay beneficios, y ser social tiene varias recompensas. Tener lazos sociales fuertes es tan bueno para ti como dejar de fumar. Conectar con otras personas, incluso en las formas más básicas, también te hace más feliz.

Un estudio encontró que el centro de recompensa del cerebro, que se enciende cuando las personas sienten placer, era más activo cuando la agente daba 10 dólares a caridad que cuando recibían la misma cantidad. En otro estudio, reconfortar a alguien en crisis activó el centro de recompensa de manera poderosa.



No tienes que ser científico social para saber qué tanto duele una ruptura amorosa. Uno de los estudios más provocativos hechos por Lieberman, en colaboración con su esposa Naomi Eisenberg, muestra que la pérdida social y el rechaza son más dolorosos de lo que podríamos imaginar. Los investigadores pusieron gente en un escáner cerebral y los hicieron jugar Cyberball, donde tres personas lanzan una pelota los unos a los otros. Se les hizo creer a los participantes que las otros jugadores también eran parte del estudio pero sólo eran dos avatares programados.

El punto del Cyberball era hacer sentir rechazado al jugador. Al inicio, los tres jugadores lanzaron la pelota a cada uno en turno, pero en cierto punto, los avatares dejaban fuera al jugador y sólo se lanzaban la bola el uno al otro. Incluso tratándose de un juego tonto, los sujetos de investigación se sintieron realmente rechazados. Comenzaron a sentir estrés. Cuando salieron del escáner, siguieron hablando a los investigadores acerca de qué tan tristes estaban.

La parte más interesante del estudio es cómo sus cerebros procesaron el rechazo social. Para el cerebro, el dolor social se siente parecido al físico –un corazón roto puede sentirse como una pierna rota, como Lieberman pone en su libro. Entre más rechazado se sintió el participante, más actividad mostraba la parte de su cerebro asociada con la tensión y el dolor físico.

Una pierna rota y un corazón lastimado son, evidentemente, dos formas distintas de dolor pero las razones evolutivas de que el cerebro procese estos tipos de dolor de manera similar, descansan en la función del dolor como alarma. El dolor social es una señal de que estamos solos y vulnerables y necesitamos crear nuevas conexiones para protegernos a nosotros mismos ante los riesgos de la vida.



Las conexiones sociales son tan importantes para nuestra supervivencia y desarrollo como la comida, la seguridad y la vivienda. Pero durante los últimos 50 años, mientras la sociedad ha crece más y se vuelve más próspera e individualista, nuestra conexiones sociales se han disuelto. Nos casamos menos, tenemos menos hijos, raras veces somos anfitriones en nuestras casas, cada vez tenemos menos amigos cercanos con los que compartimos detalles íntimos de nuestras vidas. Negamos nuestra naturaleza social y pagamos un precio por ello. Durante el mismo periodo de tiempo que el aislamiento social ha incrementado, nuestros niveles de felicidad se han disminuido y los índices de suicidio y depresión se han elevado.

Las personas sacrifican sus relaciones personales por la persecución del dinero. Lieberman cree firmemente que la socialización es un pilar en la vida humana, así que decidió permanecer con su familia y rechazar el puesto académico. 

[The Atlantic]

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