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Lo que pasó en Notre Dame nos enseña que nada es permanente

  • El día de ayer lunes 15 de Abril de 2019, el mundo vio con tristeza arder envuelto en llamas uno de los iconos más famosos y trascendentales de Francia; la catedral de Notre Dame. Un edificio visitados por millones de personas de todo el mundo desde hace más de 850 años nos mostró ayer que nada es permanente, por eso te invitamos a leer la siguiente reflexión.

La Catedral de Nuestra Señora, ubicada en París rodeada por el Río Sena, se comenzó a construir en el año 1163, se necesitaron más de 200 años para que la terminaran, su gótica majestuosidad, sus famosas gárgolas inspiraron a muchos artistas y escritores, una de las obras por las que muchos la recordamos es sin duda “Nuestra Señora de París” de Víctor Hugo, cuyo protagonista es Cuasimodo también conocido como el jorobado de Notre Dame, la historia tuvo tal alcance a lo largo de los años que incluso Disney hizo su propia versión.

Un dato curioso es que Víctor Hugo escribió dicha novela porque su intención era sensibilizar a los pobladores de París para que se comenzarán trabajos de restauración ya que durante los últimos años, la catedral había sufrido daños durante la revolución francesa y después de eso fue abandonada al descuido.

El de ayer no fue el primer incendio, hubo otro en 1871 sin daños significativos y afortunadamente como la estructura se encontraba en proceso de restauración fue reparada. Una nueva restauración fue llevada a cabo durante 1991 al año 2000.

La catedral estuvo ahí por 850 años, si tuviste la fortuna de conocerla sabes que el simple hecho de pasar a lado de ella quitaba el aliento, en cada piedra latía un capítulo de la historia, sobrevivió a muchas guerras (las dos mundiales más otros conflictos civiles), y ayer estuvo en peligro de desaparecer y aunque parte de la estructura original sigue ahí, se van a necesitar muchos muchos millones de euros y años de reparación, probablemente más de 20.

Con lo que me quedó, nada es permanente, aún monumentos, edificaciones o formaciones rocosas milenarias que hoy en día están pueden desaparecer mañana, así mismo desaparecen hectáreas completas de bosques, se extinguen especies.

Cada día de hoy en adelante voy a apreciar las flores de mi jardín, la pequeña iglesia de tradición del pueblito que está a una hora de mi casa, el quiosco en donde mi mamá jugaba, todo lo que pueda contemplar lo voy a contemplar cómo si fuera el último día de su existencia. Valoremos el sol, la sonrisa de nuestro pequeño, el aroma del pasto recién cortado, las flores de la primavera y muy importante no posterguemos, si quieres conocer el Coliseo Romano prográmate y organiza tus gastos y actividades para que sea una realidad.

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