Las mamás también lloran (por miedo, cansancio, soledad…) y se vale

Hay días en los que la “súper mamá” llega al límite y se derrumba para llorar, a veces delante de quien sea, a veces a escondidas…

Porque la maternidad no es de color rosa, porque el cansancio le gana hasta dejar a un lado su reluciente armadura para evidenciar a esa mujer que solo necesita un instante a solas o algo de ayuda.

Llorar no es sinónimo de depresión. Al contrario, llorar es necesario y es hasta saludable, porque es una válvula de escape natural para las emociones. Si te ha ocurrido esto en alguna ocasión, no te preocupes ni pienses que estás rozando el abismo de una depresión. La crianza cotidiana nos sujeta a padres y a madres a la preocupación, a cierta angustia, a pensamientos que a veces se instalan en la mente y provocan estrés. Ello se suma a factores que pueden llevarnos a situaciones límite donde es necesario detenernos, desahogar y desahogar algunos pensamientos, algunas emociones.



Esto puede sucederle igual a las “mamás” que a los “papás”, porque en lo más profundo todos aspiramos en ocasiones a ser la mejor madre, a ser el mejor padre controlando cada aspecto y dando siempre lo mejor de nosotros mismos y no siempre es posible y las expectativas tan altas que tenemos de nosotros mismos pueden llegar a frustrarnos.

No es fácil mantener este nivel de auto-exigencia todos los días. Llegar al límite es darse cuenta de que aunque nuestra prioridad son los niños, debemos también cuidar de nosotros, de nuestro equilibrio y salud emocionales. Pensar en ti, en tus necesidades, en tus emociones y deseos no te hace egoísta, te hace humana.

mamá feliz = bebé feliz

Sentir cansancio no es sinónimo de estar cansados de nuestros hijos. Decir “no puedo más” no es motivo de censura ni de debilidad. En ocasiones, el propio remordimiento por sentirnos así en un momento dado es mucho peor que ese agotamiento físico y mental.

Los niños no se crían solos. Necesitan el 150% de nosotros casi a cada instante. Por si esta exigencia no fuera bastante, a la crianza, atención y educación se le añade la responsabilidad de un hogar y de un trabajo. Los padres ahora somos (mamás y papás multitarea).

La multitarea es uno de nuestros enemigos cotidianos más fatales. Podemos ser eficaces un mes, dos meses o cinco meses, pero llegará un instante en que nuestra mente y nuestro cuerpo no podrán mantener este nivel.

Cuando esa voz interna nos dice “tengo que llegar a todo” pero nuestro cerebro y nuestra mente responden con un “ya no puedo más”, el estrés empieza a hacer estragos ante esta descompensación tan sutil:

  • El cansancio se traduce en dolor. Nos duelen las extremidades, los huesos, y sentimos una presión en el pecho.
  • El ritmo cardíaco se acelera, sufrimos malas digestiones, temas gastro intestinales…
  • Cuando llegamos al límite, y casi sin querer, nos sale una mala contestación, una palabra fuera de lugar, un “cállate”, un “ahora déjame”… Palabras que decimos a veces sin pensar a nuestros hijos y que luego tanto nos duelen.

Los niños necesitan ser felices, no perfectos, y tener madres y padres felices, no perfectos. Lo esencial es saber ESTAR en cada momento en que nuestros niños nos necesiten. De ahí, que valga la pena reflexionar unos instantes en estas dimensiones.

  • A la hora de educar y atender un niño cada día va a ser diferente y va a requerir de ti nuevos aspectos. Asúmelos con calma y no anticipes peligros ni preocupaciones que solo te desgastan y no te suman nada. Vive el presente, el aquí y ahora con tus hijos.
  • No pasa nada si lloras o incluso si tus hijos te ven a hacerlo. Todos necesitamos llorar de vez en cuando para luego “ser más fuertes”. El desahogo emocional es bueno.
  • No cargues sobre tus espaldas todas las responsabilidades, miedos, presiones y dudas. Comparte con tu pareja, con tu familia, consulta dudas con tu pediatra cualquier duda o preocupación sobre los más pequeños. Comparte y reparte, delega, crea una red de apoyo, de sostén, es vital para ser mamá o papá.
  • Tienes derecho a disfrutar de tus instantes de ocio, de relajación y de intimidad.

Si necesitas llorar, llora. Así de simple. Se vale, porque desahogar siempre aclara los pensamientos, porque las lágrimas lavan las preocupaciones, date permiso y llora lo que te agobia.

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