Kintsugi, reparando con oro

         
Por: Mina Albert

El otro día me miré al espejo con mucho conflicto, una fecha susceptible para mí pues era el aniversario del último día que vi a mi mami con vida -cáncer metastásico, desde que supimos su lucha duró 3 meses-.

Y no importa cuantos años pasen hay fechas que simplemente me quiebran y vulneran. Y con ese sentimiento vienen también la debilidad y frustración que me hacen sentir todo lo malo en dimensiones mayores.



 

Lo típico es que esos días las cosas no me salgan muy bien, curiosamente discuto con mi esposo, mis hijos, se me juntan mil pendientes del trabajo y, ¿qué crees?, también me da migraña, gripa o cualquier dolencia que me da el pretexto perfecto para sentirme todavía peor.

 

Pero este año justo en ese día llego a mí una foto con una imagen espectacular de “Kintsugi el arte de reparar con oro”, te puedo prometer que la mano de Dios, el arquitecto del Universo o como lo llames, estuvo aquí. En cuanto lo vi y leí de que se trataba, todo hizo sentido. Sí, esos días me siento extraña y me cuesta trabajo llevar mi ritmo de vida normal, pero los demás te prometo que soy imparable. Y es entonces que entendí que todos somos una obra de arte.

 

Te pondré en contexto, cuando algo se rompe o despostilla los japoneses reparan y remarcan la grieta con oro, el fundamento es que ahora, ese objeto dañado tiene una historia que contar por lo que es más hermoso de lo que era antes de romperse.

 

Y justo así es la vida, pasamos adversidades o compartimos el camino con personas que circunstancialmente nos hieren -digo circunstancialmente porque la mayoría ni siquiera supo el daño que te hizo o bien fue sin intención- y cada herida deja una cicatriz, pero recuerda que si aprendes y agradeces esa cicatriz se cubrirá con oro. El oro es el conocimiento que te dejo esa experiencia.

 

Y todas esas heridas al final te hacen más hermosa, fuerte y sabia. Es por eso que ahora valoro cada día, cada persona y cada oportunidad mucho más que antes. Ahora sé que no importa si no encontré ese vestido que quería, o que no pasa nada si alguien se cruza abruptamente en mi camino, tampoco me enoja si alguien no se porta como yo pensé que se portaría, he aprendido a empatizar, tolerar, y dejar ir. Y lo más importante entendí que la vida es un hermoso regalo que estoy decidida a abrazar cada respiro que me quede. Recuerda cubrir tus heridas con oro, kintsugi.