Humanizar a los animales de compañía: ¿amor o maltrato?

La relación entre los animales y el ser humano a evolucionado a lo largo del tiempo forjando una estrecha relación, tanto así que muchos de los animales que en un principio fueron domesticados con la finalidad de ser consumidos como alimento o de ayuda en el trabajo diario, son ahora integrantes formales y legales de una familia.

Es frecuente pensar en los perros como los animales que han pasado a formar parte de la relación familiar con los seres humanos, sin embargo, con el crecimiento del veganismo y el reconocimiento de los derechos animales en muchos países, ha crecido también la adopción de otros animales como mascotas, por ejemplo, los patos, cerdos, incluso borregos y animales exóticos, que deberían vivir en libertad.



Si bien el respeto a toda forma de vida es fundamental para mantener un equilibrio en la vida en el planeta, la humanización de los animales de compañía  ha surgido con el cuestionamiento de su deber ser o no deber ser, incluso como una nueva manera de maltrato animal.

Es innegable el gran vínculo afectivo que se forja entre las personas y sus mascotas. Algunos estudios, incluso, revelan que el amor que se llega a sentir por un animal puede ser equivalente al que se siente por un familiar. Los también llamados animales de compañía pueden disminuir la soledad y traer alegría a los hogares, pero es importante no alterar su estabilidad emocional al darles el trato que se le da a un ser humano, por el bien de ellos.

De acuerdo con Moisés Heiblum, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM, tratar como humano a un perro o gato, por ejemplo, desdeña sus propias formas de comunicación, organización social y reglas de convivencia, limita su bienestar y les genera un alto grado de ansiedad.

Cuando a las mascotas se les integra en actividades propias de los humanos, como vestirlas a diario, darles de comer los mismos alimentos preparados que comen sus dueños, enseñarles a usar el baño, tratarlas como un infante o pintar sus uñas, por mencionar solo algunas de las nuevas conductas actuales hacia las mascotas, puede alterar gravemente sus necesidades básicas como especie.

Los perros, por ejemplo, necesitan una alimentación especial y el espacio suficiente para desarrollarse de manera óptima. Vivir dentro de una casa sin la posibilidad de salir y mantener una rutina de encierro, así como la convivencia únicamente con personas les puede provocar estrés, sobrepeso, ansiedad y estímulos pocos comunes que pueden provocar agresividad acompañada de un comportamiento destructivo hacia los objetos. En otras palabras: se rompen sus instinto animal.

Como  responsables de un animal de compañía siempre será fundamental el amor profundo por ella y cuidar su bienestar, sin embargo, no se debe olvidar que lo mejor para ellos es conservar sus instintos y esencia, porque eso es lo que los hace únicos. Nuestro amor hacia las mascotas se debe canalizar en mantener en ellos una buena alimentación, resguardo, entretenimiento y visitar al veterinario, por ejemplo. Todo enfocado a su bienestar, es decir, lo que sea mejor para él, como individuo animal.

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