¿Es la Tierra un organismo viviente con una conciencia superior a la nuestra?

         
Por: Alejandro Martínez Gallardo

A partir de la década de los sesenta y lo que se conoce como la revolución psicodélica (o el movimiento hippie) se han vuelto a popularizar antiguas ideas con las que se concebía a la naturaleza como un ser vivo, inteligente y dotado de un alma. Esta idea cobró cierta relevancia nuevamente a partir de la Teoría de Gaía, del biólogo James Lovelock, quien ha observado comportamientos en el planeta que sugieren que tiene la capacidad de autorregularse y demuestra ciertas conductas que hacen pensar que se trata de un superorganismo.

Esta idea en realidad es tan vieja como el pensamiento humano. Las primeras religiones son animistas, es decir, consideran que la naturaleza y el cosmos están vivos. A nosotros, seres humanos modernos que conocen la ciencia, nos suele parecer que estas ideas son primitivas y han sido superadas por el progreso. Sin embargo, la mayoría de los grandes filósofos e incluso científicos de otras épocas la consideraban naturalmente cierta. ¿En realidad hemos rebasado esta mentalidad “primitiva”, tenemos conocimientos más precisos de la realidad y la espiritualidad? Creo que estas son buenas preguntas.

Para Platón y la filosofía neoplatónica el universo es concebido como un organismo viviente, el cual es una emanación de la divinidad. Por lo tanto cada cosa –estrella, hombre o átomo–, participa en la esencia divina del universo. Grandes filósofos antiguos pensaron que los planetas no sólo estaban vivos sino tenían un alma de la cual las almas individuales se alimentaban. Las estrellas, como el sol, eran considerados animales superiores al ser humano, con una mayor evolución espiritual y hacia los cuales nuestra evolución se dirigía.

Esta misma idea aparece en la Armonía del Mundo de Kepler, uno  de los grandes científicos en la historia en la humanidad. Kepler señala que: “El globo de la Tierra es un cuerpo como el de un animal” y que esto testifica que la tierra tiene un alma, ya que de la misma forma “que un cuerpo animado produce pelo en la superficie de su piel, la tierra produce [en su superficie] plantas y árboles”, y así sucesivamente. 

Una razón por la cual resulta también interesante retomar esta idea, es que en nuestra época, apuntalada por una visión de mundo en el que sólo el hombre es consciente y la naturaleza está muerta, es la crisis ecológica en la que nos encontramos. Quizás si pensáramos que todas las cosas están vivas –y tiene almas– nos conduciríamos de otra forma, con mayor respeto, posiblemente tomando el papel de guardianes de la tierra, de protectores de la vida y la evolución. Nos dice Terence McKenna: 

El análisis racional nos dice que la materia sólo está compuesta de átomos moviéndose en el espacio obedientes a leyes matemáticas invariantes y toda la creatividad, todo el sentido de conexión que experimentamos como seres vivos contemplando la naturaleza como miembros de la sociedad es negado. Y esto llega a su culminación en una frase de Jean Paul Sartre, que dijo “la naturaleza es muda”. La naturaleza no da claves, el hombre está solo en el universo, con sus complejos y obsesiones, él confiere el significado. Yo rechazo esto, creo que el mensaje de la experiencia psicodélica es que la naturaleza se está comunicando, todo ser está lleno de lenguaje.

Me parece que la visión animista es más poética que la visión predominante de que la naturaleza es muda e inerte. Aporta mayor sentido a nuestra existencia y resuena con la intuición de muchas personas, más allá de que podamos probarlo científicamente. Es también una buena estrategia ecológica para nuestra supervivencia.

Twitter del autor: @alepholo