El salón de clases, un pequeño universo

Una de las cosas que más extraño de estar en un salón de clases, es el compartir todos los días con niños o adolescentes. La mayor parte del tiempo di clases en secundaria, y la verdad me encanto.

 

Lo interesante de dar clases a adolescentes es la manera en que constantemente te están cuestionando, esto hace que desarrolles un agudo sentido de lo que dices. A ellos no les puedes dar un dato del que no estás segura, porque fácilmente lo puede investigar. Con ellos tienes que ser coherente entre tus actos y tus palabras.

 

Y así vamos todos juntos creciendo, y aunque nos veamos algunas horas te puedes percatar perfectamente de quienes son aquellos chicos o chicas que están lidiando con problemas familiares, de identidad o académicos.

 

Cada uno de ellos tiene un talento o una destreza, como bien dijo Einstein “Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”. Sin embargo, hay ciertas competencias que pueden desarrollarse independientemente de si son nuestro fuerte o no.

Como docente pude ser testigo de como el tiempo bien invertido en clases extracurriculares les da herramientas extras para que puedan desenvolverse con más confianza. Los que toman teatro o canto son más seguros al hablar en frente del grupo, los que asisten a deportes como el Karate o taekwondo son disciplinados, los que juegan futbol o basquetbol saben trabajar en equipo.

 

Y hubo algo que llamó mi atención, aquellos alumnos que habían asistido a KUMON tenían procesos de análisis muy estructurados, también eran autónomos y no necesitaban de recordatorios o apoyo porque ya contaban con un sistema de organización y trabajo.

 

Los centros de aprendizaje KUMON les proporcionarán a tus hijos no solamente herramientas para que puedan desenvolverse y destacar en su vida académica, sino también y más importante, les darán herramientas para desarrollar su autoestima y autonomía.

 

Recuerda tus días en el salón de clases, cuando pasabas al pizarrón a contestar una ecuación, o a resumir las palabras de tus profesores, comenzar a trabajar en un proyecto con lo poco que entendiste. Parece que fue hace mucho, pero te aseguro que aún te pones nerviosa cuando lo recuerdas. Dales a tus hijos los elementos para que cuando recuerde sus días de escuela se dibuje una sonrisa en su cara.

 

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