El peligro de la ilusión de los hijos perfectos

¿Quiero educar a una persona o hacer un niño perfecto? Lo primero, es mucho menos extenuante y más gratificante, también para la sociedad. El mundo necesita personas, no niños perfectos.

Eva Millet, nacida en Barcelona, periodista y escritora, se ha convertido en una autora best seller a partir de una serie de libros donde analiza el fenómeno de los hiperpadres y da claves para la práctica del underparenting o la «sana desatención»: relajarse, confiar en los hijos y darles más aire.

Es un estilo de crianza en el que los hijos son el centro máximo de atención de sus progenitores, en el que los niños reciben una atención casi obsesiva por parte de sus mayores. Esto produce una presión intensa para unos y otros. Para los adultos es una manera muy estresante de enfrentar la crianza, para los niños hay una especie de inacción general y placer en aquello de conseguir todo lo que desean o que les resuelvan sus conflictos.



Los tiempos han cambiado, pero eso no significa que algunas de las herramientas del pasado no puedan utilizarse también hoy. Los adultos, además de padres, son maestros. Existe una tendencia a confundir autoridad con autoritarismo, por lo que cualquier desacuerdo en casa, en la escuela o en el patio de recreo se ve como un ataque.

¿Qué es la hiperpaternidad?

Se trata de una crianza basada en una atención excesiva a los hijos. El niño más que nunca es el rey de la casa, sabe que se le da todo. Y los padres están supeditados a los deseos del niño. Los hiperpadres resuelven sistemáticamente cosas que los hijos podrían hacer por ellos mismos.



¿Qué podemos hacer pero mejorar?

Relajarnos todos un poco. El filósofo Gregorio Luri dice que los hijos tienen derecho a tener unos padres relajados. En inglés se habla de underparenting (hipopaternidad). Soltémoslos un poco y que comiencen a adquirir responsabilidades. Empecemos porque lleven su propia mochila. Es un pequeño modo en educar en una habilidad como es la responsabilidad y la autonomía.

Los niños son capaces de hacerse su cama, organizarse su agenda. Otro recurso inteligente en este sentido es evitar preguntarles todo a ellos. Hay cuestiones que no están en condiciones de decidir como a qué hora deben irse a dormir o cuándo tomar un medicamento. No se van a traumar porque reciban un “no”. Tenemos que confiar en ellos. Ellos quieren que lo hagamos.



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