fbpx
Crianza, Familia

Dejar llorar al bebé genera neurotoxinas en su cerebro que lo dañan

  • Calmar el llanto de un bebé es una de las cosas que más preocupa a los padres, especialmente si son primerizos.

Dejar llorar al bebé

A menudo es la acumulación de experiencia y convivencia con el bebé la que ayuda a discernir el motivo por el que el pequeño llora (hambre, sueño, necesita cambio de pañal…) y a identificar si el llanto es realmente un reclamo de atención sin más. Pero en muchas ocasiones surge la duda o el miedo de si hay que dejarlo llorar por si un llanto prolongado puede suponer un problema para el niño.

No existen estudios que certifiquen que un llanto continuado pueda suponer algún riesgo para el bebé, sin embargo, especialistas en medicina psicosomática aseguran que una situación así desencadena un aumento de estrés que podría derivar en problemas neurológicos. Los pediatras recuerdan que no hay evidencia científica para hacer estas afirmaciones y señalan que no existe una regla de oro para saber cuánto rato podemos dejar llorar a un niño pequeño o cuál el momento en el que debemos atender su llanto, aunque sí que marcan unos límites máximos y unas pautas básicas a seguir en las que el sentido común es fundamental.

Especialistas en medicina psicosomática de la Universidad de Munich señalan que dejar llorar a los bebés podría afectar a su desarrollo cerebral:

La frecuencia cardiaca aumenta en un mínimo de 20 pulsaciones por minuto y también la presión sanguínea, observándose, además, una menor oxigenación de la sangre que llega al cerebro. Esto provocará que al cerebro llegue sangre con mayor presión en la fase de esfuerzo y disminuya bruscamente en la de descanso, tanto que puede relacionarse con hemorragias cerebrales y sus secuelas según algunos estudios.

Sobre todo llama la atención que el nivel de cortisol, la hormona del estrés, aumenta enormemente, lo que indica que el niño que llora sufre un estado de tensión emocional intenso. Esto, además del estrés, provoca una reacción que puede aumentar la capacidad de resistir a las infecciones, pues el cortisol actua como un inmunodepresor.

Además el bebé tragará aire, en un promedio de 360 mililitros, lo que le va a causar incomodidad y problemas para hacer la digestión sin molestias, llegándose a encontrar relación entre la ruptura gástrica y el llanto prolongado.

Por añadidura el bebé que llora mucho gasta mucha energía en esto, no estando entonces disponible para otras funciones. Sus leucocitos aumentan, como si luchara contra una infección y se ve disminuida la cantidad de saturación de oxígeno en sangre.

Para terminar, y a nivel afectivo y relacional, hay que tener en cuenta que el niño que sufre un llanto prolongado no interactua con su entorno con normalidad, incluso llega a poder afectar a la reacción que tiene la madre ante su llanto, disminuyendo su efecto en ella y pudiendo hacer que sienta que no llega a poder atender correctamente a su hijo.

Todo esto a veces es inevitable, en bebés que lloran por motivos que no llegamos a calmar, pero nos alerta sobre todo ante lo inadecuado que es no atender el llanto del bebé y dejarlo sin atender hasta que se canse, se agote y se calle por cansancio o por, sencillamente, aprender a que su reclamo no será atendido.

Los cruciales seis meses

Para el reconocido médico Eduard Estivill, un llanto continuado podría provocar ansiedad en el pequeño. Por eso, este especialista mundialmente conocido por su método para que los niños aprendan a dormir solos, aconseja, como González, no dejar llorar a un niño sin atenderlo; hay que averiguar qué le pasa, especialmente si sospechamos que llora porque se ha hecho daño. En cambio puntualiza que si es un llanto de comunicación “hay que valorar si debe ser atendido o ignorado”. Para este pediatra, a partir de los seis meses de vida los bebés ya pueden aprender a usar el llanto como una forma de comunicación que no hay que confundir con “manipulación”, advierte. Han aprendido que llorar es la forma rápida para ser atendidos y empiezan a usar el llanto con este fin.

Así, ejemplifica Estivill, si llora porque se ha portado mal y lo has reñido o para conseguir que le demos una chuche estamos ante un llanto de comunicación y este lloro continuado nunca será “traumático” siempre y cuando estemos a su lado enseñándole la conducta correcta. Y para este doctor este tipo de acciones se pueden llevar a cabo con niños muy pequeños: “no hay que esperar a que hable para comunicarle cosas”.

Lo cierto es que el llanto intencional aparece más pronto de lo que mucha gente cree y la mayoría de expertos señalan los seis meses como el periodo a partir del cuál puede aparecer para buscar en los padres reclamos diferentes. 

“El llanto puede estresar a los bebés, por eso no es recomendable dejarlos llorar durante los seis primeros meses de vida”, hay que entender que un bebé pasa nueve meses en la barriga de su madre y cuando nace se siente “desprotegido”. Durante los tres primeros meses de vida los bebés lloran por algún motivo concreto y que por eso siempre hay que calmar el llanto solucionando el problema que se lo genera (hambre, cambio de pañal…). A partir de los seis meses se recomienda no dejar llorar a los bebés más de cinco minutos y siempre comprobar cuál es el motivo del llanto.”

¿Cuánto rato dejar llorar?

No existe una fórmula única, todo depende de la situación, del temperamento de los niños e incluso del aguante o templanza de los padres. Para Carlos González no hay estudios científicos que digan que a los niños hay que dejarlos llorar 10 o 15 minutos y asegura que no existen estos informes porque dejar llorar no es una cuestión científica, “es una cuestión ética”.

El doctor Estivill también apunta a la inexistencia de estudios que digan que se puede dejar llorar “dos o cinco minutos”, por ello asegura que hay que escuchar a los pedagogos y que éstos dicen que no podemos permitir un llanto de una hora seguida a un niño. En ningún caso, prosigue el doctor, podemos dejarlo llorar sin estar a su lado y explicarle cuál es la conducta adecuada. En este sentido, según Estivill, es “razonable” dejar llorar 20 o 25 minutos, aunque “nunca” debe ser un periodo de tiempo seguido sino que debe ser “interrumpido” por pequeñas y breves intervenciones del adulto para que note que “no le abandonamos”. Lo importante para este especialista es que el niño compruebe que su conducta no le servirá para conseguir lo que quiere pero que a la vez note que no lo dejamos solo.

Técnicas de consolación

Transmitir seguridad y confianza en los niños es uno de los consejos para intentar conseguir que un llanto comunicativo no se prolongue en el tiempo. Más allá de esto, existen tantas técnicas o fórmulas como familias. Con bebés ofrecerle el pecho, cogerlo en brazos, cantarle o susurrarle puede servir para calmar el llanto, explica el pediatra Carlos González. En niños más mayores, contarle un cuento, distraerle con una historia o hacerle cosquillas también pueden ser algunos de los aliados para calmar al pequeño. En cualquier caso, el sentido común es el que debe imperar atendiendo siempre si el llanto es por dolor o por una ansiedad razonable. En este caso será difícil consolarlo hasta que la causa que lo provoca se solucione. 

 

 

Artículo AnteriorPróximo Artículo

Alojado en Next.LA