Convertirse en padre

-Convertirse en padre- texto de Sheila Kitzinger

En Mamá Natural nos ocupa la familia y todos sus componentes, el padre es un gran eje, un elemento que cuando es presente puede generar la fortaleza, la seguridad y el amor inmenso en los niños. Encontramos este texto de la partera y doula Sheila Kitzinger y lo compartimos por lo valioso que es:

Usualmente una mujer se convierte en madre porque ella ha dado a luz. El proceso biológico del parto la identifica como madre. Un hombre se convierte en padre no por un acto biológico -la eyaculación del semen- sino porque reconoce su responsabilidad paternal con el bebé. Es un acto de conciencia y de voluntad, más que biológico. 

Para algunos hombres hay un largo camino emocional antes que realmente sientan que son padres. Al igual que con el matrimonio, la despedida de solteros la noche anterior a la boda, el nacimiento de un bebé puede ser tratada como una ocasión para beber con ‘los amigos’. Se espera que el nuevo padre celebre con otros hombres y refuerce el vínculo masculino.

Debido a que tradicionalmente se espera que el padre esté afuera trabajando, se asume que la madre se encargará del cuidado del día a día del bebé. El padre puede ayudar y se le halaga cuando así lo hace. Pero no es para él un deber -más bien es jugar con los diferentes aspectos de ser hombre en lo que es un territorio esencialmente femenino. 

Si a un padre se le ve cuidado de un bebé por sí mismo -llevando el bebé contra su pecho mientras compra en el supermercado, por ejemplo, o empujando un coche en el parque- puede ser percibido como ligeramente anormal. Aunque puede ser alabado por mujeres por intentar tareas que son inconsistentes con su rol masculino dominante, con frecuencia también se le trata con algo de suspicacia. 

Muchas parejas cuestionan el rol convencional del padre. Están explorando maneras de compartir la paternidad, maneras de compartir la crianza. Pero ellos se confrontan a obstáculos erigidos por una sociedad que organiza el trabajo de forma que los hombres son vistos como proveedores, en vez de participantes en la vida familiar y se espera que vayan a casa por diversión y relajación, en vez de para asumir el trabajo de ser padres plenamente involucrados. Aunque en Suecia los padres pueden tener hasta 18 meses de permiso de paternidad y tienen derecho de pedir tiempo libre para estar con un hijo enfermo, en la mayoría de los países la paternidad no se supone deba interferir con el trabajo. Con frecuencia los hombres asumen mayores compromisos fuera de la casa que los que tenían antes del nacimiento de bebé, debido a la responsabilidad financiera adicional.

También es difícil para los hombres estar más involucrados con sus bebés cuando el único ejemplo que tienen es el de sus propios padres, quienes usualmente delegaron el cuidado del bebé a sus esposas y cuya única interacción con sus bebés era de estimular como un jugador externo o como un disciplinador, a quien con frecuencia se le dificultó expresar sus emociones. 

En muchas sociedades tradicionales la transición a la paternidad sigue el modelo de rituales que enfatizan el vínculo del padre con un bebé. La responsabilidad de un hombre a su mujer y su hijo se enfatizan en actos ceremoniales de compromiso. En el oeste faltan ceremonias como estas.

El padre es frecuentemente quien tiene que proteger al bebé de influencias malignas invisibles que podrían poner en riesgo la vida del niño, lo hace observando tabúes tras el nacimiento. En Norte América el padre Yurok debe mantener estrictos tabúes alimentarios con una dieta muy limitada hasta que se acabe el peligroso periodo transicional.

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En algunas culturas el padre tiene el deber de nutrir el alma del bebé, así como la madre nutre el cuerpo del bebé con su leche. En Ghana un padre que no acepte esta responsabilidad espiritual es posible que sea culpado si el bebé se enferma o muere. En Sudáfrica también, el padre debe realizar sacrificios a sus dioses ancestros en nombre del bebé. Si un bebé Hopi muere se piensa que ocurrió porque los padres han discutido o el padre ha sido infiel. Todos se dan cuenta que a un bebé puede darle una enfermedad, pero que eso no pasaría si el hogar fuera feliz.

Entre los pigmeos de Mbuti es el cuchillo del padre o su flecha lo que corta el cordón umbilical. Después del parto el hombre se queda en casa hasta por dos meses, cargando el bebé con orgullo cada vez que tiene una oportunidad. Esto ocurre porque, como en muchas culturas, el padre junto a su mujer están en un estado de “polución ritual” tras el nacimiento. El no puede trabajar fuera de la casa, cazar, pescar, o cuidar el jardín. 

Los padres Manu cuidan al hijo mayor desplazado cuando un nuevo bebé llega. Aunque esto ocurre entre los padres del oeste también con frecuencia se les dificulta porque tienen compromisos de trabajo que pueden distanciarlos de casa y que no se modifican sólo porque un bebé ha nacido. El padre Manu sin embargo, puede concentrarse en esta tarea porque debe estar ritualmente separado de los otros hombres con los que usualmente trabaja. Como resultado un vínculo fuerte se forja entre el hijo mayor y el padre.

Hay variaciones amplias de cómo los padres se comportan en sociedades tradicionales. Pero los antropólogos se ha visto obviamente sorprendidos ante cuán gentil y cariñosos como padres pueden ser los hombres en sociedades en las que nadie leyó un libro sobre cuidados de niño. A los hombres en el oeste frecuentemente se les niega la oportunidad de estar cerca de sus bebés y disfrutar la paternidad.

Haciendo la transición a la paternidad

Ayuda que la pareja platique en conjunto el tipo de madre y padre que les gustaría ser. Puedes preguntarte a ti mismo si te gustaría ser el mismo tipo de padre que tu propia madre y padre. Con frecuencia un hombre ve que su propio padre perdió las oportunidades de ternura y los aspectos íntimos de la relación con un bebé, y que nunca aprendió a dar el cuidado ordinario de día a día que requieren los bebés, como cambiar los pañales.

La transición a la paternidad es más fácil cuando un hombre puede tomarse un tiempo fuera para estar con su pareja y su bebé en lo que yo llamo “Baby Moon”, luna de miel con el bebé. Una pareja con comida y otras necesidades, cierran la puerta, y se van a la cama con su bebé por unos días. Muchas parejas me han escrito diciendo que, aunque que difícil de organizar, valió la pena, y que ese tiempo junto fue precioso para ellos. Puedes hacer de esto parte de tu plan de parto, permitiendo que la partera, los abuelos, amigos cercanos y familia conozcan de antemano que esto es lo que van a hacer. Una razón por la que es importante es porque el hombre necesita también la oportunidad de llegar a conocer a su bebé. También necesita ser capaz de hacer esto al menos intermitentemente en los meses que siguen, porque el bebé se está desarrollando y cambiando cada semana. 

Llegar a conocer a un bebé no es solo sostener a un bebé limpio, sonriente, alimentado, sino también a un bebé que necesita que lo cambien, que está llorando, que no se está yendo a dormir, que tiene la nariz mocosa y fiebre. Significa saber cómo calmar y reconfortar así como saber cómo excitar y deleitar, cómo hacer que los moretones se sientan mejor, cómo acceder al humor del bebé y cómo encontrar el ritmo y el paso que son correctos para el bebé en ese momento. y además se refiere a hacer todas las tareas mundanas y repetitivas asociadas a los bebés, como limpiar derrames, ordenar cuartos y recoger el caos que crean en el hogar. 

Los hombres con frecuencia encuentran eso sobrecogedor. Ellos sienten que no serán buenos en estas tareas. Están conscientes de otras cosas que necesitan hacerse urgentemente y tienen otras prioridades. Cuando sientes que no tienes el control, y que lo que están haciendo es parte del escenario de alguien más, la tentación es hacer las cosas a medias y dejar que la persona que tu piensas que está en control complete el trabajo. Algunas veces los hombres demandan instrucciones detalladas de tal complejidad que es más rápido hacer el trabajo tu misma.

Las mujeres con frecuencia sienten que deberían estar manejando mejor a sus hombres, pero no es un defecto personal- más bien es un signo de cómo a gran escala la sociedad está organizada por hombres que ven el trabajo de una mujer-madre como de segunda clase, aburrido y mucho menos importante que el trabajo del hombre.

Un bebé en el hogar requiere trabajo de casa adicional. No es sólo una cuestión de cuidar del niño. Cuando a una pareja que anteriormente compartía la limpieza y la cocina le nace su primer bebe conlleva a la introducción de una relación diferente. Se revierten a la antigua división masculina y femenina de las labores. Esto le calza bien a algunas parejas. La mujer hace el trabajo de casa y del cuidado de bebé, mientras el hombre ayuda ocasionalmente con los platos y las compras, aunque “compras” puede significar llevarla al supermercado para que ella compre. Para muchos hombres limpiar la casa, lavar la ropa y planchar aún están fuera de toda cuestión. En su estudio sobre el impacto de la paternidad en los hombres, Charlie Lewis muestra que los padres son usualmente asistentes, no compañeros y con frecuencia son asistentes poco confiables. Cuando a cien hombres se les preguntó cuánto contribuyen a preparar la comida de sus bebés una vez que ya estaban comiendo sólidos, 6 lo hacían regularmente, 28 lo hacían una vez a la semana y el resto casi nunca. 40 rara vez había cambiado un pañal, 53 nunca habían cuidado del bebé por si solo y 72 nunca o casi nunca había dado un baño al bebé. Incluso si la madre trabajaba fuera de la casa 37% de estos padres no cambiaba ni un pañal al día. 

El rol tradicional del hombre lo restringe a ser mediador entre el mundo externo y la madre y el bebé. Así que las mujeres con frecuencia se sorprenden mucho cuando su hombre se involucra, muestra que le importa, y es capaz de ser tierno, sensible y hábil en cuidar al bebé. Con frecuencia resulta un shock que un compañero pueda hacer todo esto. La mujer comienza a ver nuevos aspectos de su personalidad. Es un punto de crecimiento en la relación, que adquiere nuevas profundidades de intimidad, en la medida en la que el hombre expresa su amor en función del bebé. 

Los padres con frecuencia hacen las cosas de formas diferentes de las madres. Los bebés pueden lidiar con esto. El hombre no tiene que bañar a su bebé en exactamente la misma manera en que lo hace su pareja siempre que su forma funcione y sea segura. Si se le está viendo todo el tiempo puede estar auto consciente y torpe porque su desempeño está siendo juzgado. Él necesita tiempo solo con el bebé para descubrir por ensayo y error qué funciona mejor. 

Emociones poderosas

Convertirse en padre con frecuencia trae un caudal de emociones para las que un hombre no está preparado. Al principio es simple shock. No puede absorber todo lo que está pasando, la cantidad de actividad, sus propias emociones sobre el parto y sobretodo, la realidad del bebé y su nuevo estatus como padre. Repentinamente el mundo parece diferente. Las relaciones cambian irrevocablemente, todo está patas arriba. Ha perdido el control. Un hombre que se siente así puede retraerse de la escena de acción, se retira porque necesita tiempo para asimilarlo todo, y para llegar a término con sus relaciones conflictivas. 

Sin embargo el nacimiento de un primer hijo es también el punto en el que el hombre se siente adulto. Ahora se ve a sí mismo como un adulto que tiene el derecho de meterse en los zapatos de su padre. 

Esto no es cierto en todas las sociedades. En culturas enraizadas en la esclavitud, es poco probable que un hombre acepte la responsabilidad del primer hijo que engendra. Escapa del compromiso dejando sola a la madre con el bebé. Ella lo cuida con la ayuda de su madre, o se lo entrega a su madre para que lo críe porque ella debe salir a trabajar para mantener a la abuela y al bebé. En el Caribe, el tiempo que precede o justo después del nacimiento de un bebé es cuando el hombre es más propenso a ‘huir’. La mujer trata de hacerlo ‘responder’ por el niño con pagos regulares, pero frecuentemente no lo logra. Sólo cuando un hombre está dispuesto a responder por el niño que engendró, es cuando comienza a asentarse. Esta es la transición a la adultez.

Los nuevos sentimientos de madurez pueden traer episodios de arrepentimiento por una juventud perdida, sintiendo duelo por la pérdida del ser y preocupado por, cómo un hombre lo dijo, convertirse “en un hombre de mediana edad, de mediana clase y con dinero en el banco”, recreando lo que ve como la vida aburrida y sin éxito de su propio padre.

Pero con esto está la sensación positiva de que puede asumir la responsabilidad, puede confiar en dar apoyo a las necesidades de su pareja y su hijo y es un hombre entre otros hombres. Es similar a orgullo que sienten los hombres de África Occidental al ser iniciados como guerreros.

Cuando un hombre pasa tiempo cuidando a su bebé y el bebé da indicaciones que lo conoce, -para de llorar, escucha su voz, voltea su cabeza hacia él, lo mira a los ojos o le lanza los brazos cuando cruza la puerta- su sentido de triunfo personal y madurez se refuerza.

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Sentirse atrapado

Del otro lado está un hombre que con frecuencia se siente ansioso de haber perdido su libertad. Una pareja puede haber vivido trotando lado a lado, cada uno haciendo sus propias cosas con pocos límites o frenos en su relación. Había poca necesidad de planificar de antemano o de programar sus vidas. Podían disfrutar del otro sin interrupción, divertirse, hacer cosas espontáneas y separarse en direcciones opuestas cuando fuese conveniente. Podían incluso decidir terminar sin tener que considerar el efecto en nadie más. 

Ahora un bebé está aquí, y hay una nueva persona que considerar; no sólo cualquier persona, sino un ser humano vulnerable que depende de sus padres para ser alimentado, protegido del peligro y en su propia supervivencia- alguien de quien no se atreven a olvidarse por un solo momento.

Debido a que el bebé ha crecido dentro del cuerpo de una mujer, y en los últimos meses del embarazo ha hecho sentir su presencia con insistencia, la madre se ha estado preparando durante nueve meses. Así que es más probable que ella entienda mejor que el hombre que un bebé se apodera de tu vida y la cambia. 

Un futuro padre con frecuencia tiene la esperanza de continuar su vida como era antes. Por supuesto él piensa, que tendrán que organizarse pensando en el bebé. Se da cuenta que los bebés tienen que ser cuidados, puede que incluso ponga mucha energía en hacerle un cuarto al bebé que parezca un contenedor bonito en el que él cree que puede colocar al bebé y luego cerrar la puerta. Al construir el cuarto, las parejas a veces parecen expresar la esperanza de que es posible colocar al bebé en una caja para que no altere sus vidas.

Luego del nacimiento es obvio que el bebé no tiene un territorio definido, está en todas partes. El bebé y las cosas del bebé parecen aparecer en todas partes del espacio físico. No hay una esquina de la casa en la que un hombre no encuentre un sonajero, ropa pequeña secándose, un pañal (limpio o sucio), un portabebé o un coche, un zapatito, un chal. 

Aún más amenazante es la forma en la que la existencia de bebé se apropia del pensamiento de su pareja, y como él no puede hacer planes sin que lo lleven a pensar en lo que el bebé necesita, en si afectará al bebé y en qué van a hacer con el bebé. Como resultado, él puede sentir resentimiento y rabia, y después culpa ante su resentimiento y rabia. 

No hay mensaje más claro para un hombre que su ayuda es necesaria cuando regresa a casa a encontrar a la mujer cayéndose de sueño y un bebé que llora sin parar a menos que lo carguen, le den palmadas en la espalda, lo mezan, lo caminen y le canten. Ahí es cuando él puede descubrir el rango y la profundidad de su capacidad para nutrir. Lejos de ser una amenaza para la relación de la pareja, puede construir un nuevo puente de entendimiento. 

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La revelación de la ternura

Un nuevo padre, especialmente un hombre que no ha sostenido a su bebé inmediatamente después del nacimiento con frecuencia se siente abrumado con la sensación de fragilidad del bebé. Él está ansioso de que hará lo equivocado, soltarlo o herirlo. Él puede sentir que encargarse el bebé es “asunto de mujeres”. Él no se da cuenta de que la madre primeriza está ansiosa en la misma medida y que también ella tiene miedo de soltar, ahogar o asfixiar a su bebé. Él puede pensar que su masculinidad es una barrera impenetrable al conocimiento acerca de bebés. Muchos hombres han sido criados para creer que una mujer entiende instintivamente qué hacer con un bebé.

Este sentido de incompetencia se refuerza cuando le dan instrucciones ansiosas acerca de cómo sostener al bebé, o cuando las mujeres sonríen condescendientes a sus esfuerzos o cuando el bebé comienza a llorar cuando él lo carga. 

Cualquier hombre que sienta que otras personas tienen experticia que él no posee es frecuente que se retire del cuidado del bebé porque no tiene rol que jugar, se siente inútil y torpe a pesar de la publicidad que muestra a hombres fornidos acurrucando bebés, retozando en la playa o durmiendo con un bebé satisfecho acostado pacíficamente sobre su pecho peludo, el tabú de la ternura todavía forma uno de los temas principales de la formación de la imagen personal en niños y hombres. Lleva a muchos hombres a escapar del cuidado de sus bebés porque temen su propio poder de hacer daño y destruir.

Paradójicamente, algunas veces cuando el parto es complicado o hay problemas médicos con el bebé un hombre asume más fácilmente un rol de cuidador. Cuando el bebé ha nacido por cesárea, por ejemplo, y sostiene a su bebé mientras la mujer todavía es incapaz de sostenerlo por la anestesia, o no puede mover su brazo por la vía intravenosa, puede que él haga la transición a la ternura con mayor suavidad que cuando el bebé va directo a los brazos de la madre. 

De la misma manera cuando a un bebé lo envían a cuidado intensivo y es él quien lo visita y lo sostiene porque la madre aún no ha tenido la ayuda que necesita para ir a ver a su bebé, puede que a él se le haga más fácil expresar ternura y sentir que el bebé le pertenece. Quizá esto se debe en parte a que siente que él está a cargo. 

Los hombre menosprecian el amor que pueden dar y la compasión y sensibilidad de la que son capaces. “Los chicos no lloran…”. “No seas una niña.” Ellos necesitan una oportunidad para darse cuenta de que su ternura es reconocida y validada por otros. Con frecuencia esto solo pasa cuando la mujer está enferma, no puede lidiar o está ocupada en otras cosas. Muchos hombres nunca descubren su propia ternura y nunca desarrollan la habilidad de nutrir.

Martin Greenberg, un psiquiatra que también recoge información desde su propia experiencia como padre, describe diferentes elementos en el vínculo que enlaza a un padre involucrado con su bebé:

• El bebé es visualmente atractivo. Él siente que su bebé es más bonito que otros bebés. 

• Disfruta sostener y acurrucar al bebé. Los padres con frecuencia comentan sobre la suavidad de la piel del bebé, “como un melocotón” o “terciopelo”

• Puede describir detalladamente las caracteristicas del bebé, sus ojos, barbilla, nariz, orejas, manos, pies y pelo. Su bebé es distintivo y memorable a diferencia de los bebés de otras personas.

• Le sorprende la perfección del bebé en miniatura.

• Se siente atraído al bebé, quiere ver y tocar a su hijo. 

• Se siente elevado. Los hombres lo describen como sentirse “drogados” o “en una nube”. Aumenta su autoestima, se siente más grande, más fuerte, más capaz y más importante.

Los hombres se sorprenden de la fuerza de sus sentimientos. “El hijo es un espejo, repetidamente colocando al hombre cara a cara con sus propias emociones”. La rabia que un bebé expresa refleja su propia rabia, el anhelo del niño por el confort del pecho de su madre expresa un anhelo que él también siente, el miedo a la soledad que sobrecoge a un bebé al que no se le carga y calma expresa el pánico de ser desplazado que él mismo ha sentido. 

La intensidad de estas emociones y más que todo el amor que recibe del bebé con frecuencia llegan como si fueran un regalo inesperado del bebé. Él descubre que los bebés son divertidos también. Hay un enorme placer a encontrarse inventando juegos para jugar juntos, haciendo cosquillas y produciendo risas, y traer juguetes y libros que lo hagan maravillarse. 

Para los hombres mayores ésta es una experiencia rejuvenecedora, una que pudo hacer perdido en una relación anterior. Los hombres que tienen segundas familias con frecuencia se comportan diferente con la nueva camada y se convierten por primera vez en padres participativos. Es fuerte para la esposa de un primer matrimonio, quien puede haber luchado sola para criar a un hijo con un hombre que pensaba que era suficiente ser proveedor para su familia y que no tenía más necesidad de estar involucrado, ver ahora que su ex-esposo se ha convertido, después de todo, en un buen padre. 

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Construyendo una relación especial

Los padres dicen que estas son algunas de las cosas que los ayuda a crear una relación especial con sus bebés: 

• Párate en la noche cuando tu bebé necesita atención. Camina con ella, cálmala, dale una botella de leche materna extraída o fórmula cuando tu pareja necesite dormir.

• Carga al bebé cuando camines o limpies la casa. El bebé disfruta la cercanía y los movimientos.

• Canta y cuenta historias a tu bebé, rimas sin sentido, historias tontas. Lo que sea. Amará el sonido de tu voz y será un gran escucha.

• Duerme con tu bebé en una cama suficientemente ancha para los tres, para que el bebé pueda tener su propio espacio y no se sobrecaliente. Si tu cama no es tan grande, un colchón en el suelo puede funcionar.

• Conviértete en un experto en cambiar, bañar, vestir y desvestir a tu bebé.

• Aprende cómo decodificar el significado del llanto de tu bebé. Esto viene con la experiencia. Serás capaz de diferenciar entre los chillidos de dolor, la abrupta llamada de atención, el vigoroso llanto de hambre y el casi musical llanto de cansancio. 

• Date cuenta de que un bebé es trabajo duro. La mayoría de los hombres piensa que hace más trabajo de casa y más regularmente de lo que realmente hacen. Recoge y limpia lo que encuentres en el camino. Esto no es opcional. No simplemente ayudes, toma responsabilidad. Y así ambos tendrán más energía para disfrutar a su bebé.

Los bebés cambian la vida de forma increíble. Es difícil creer que un ser humano puede traer tanto caos, involucrar tanto trabajo duro y producir tantos cambios emocionales para ambos padres. Los bebés acaban con la complacencia. Ellos revelan tu identidad como nunca antes te conociste. Ellos te forzan a ver el mundo en una nueva manera. Ellos producen un nuevo reto cada día y proveen el estímulo y la oportunidad para que un hombre cambie su vida y se convierta en un ser humano capaz de cuidar y nutrir.

Convertirse en Padre, extracto de EL AÑO DESPUÉS DEL NACIMIENTO

Autora: Sheila Kitzinger (http://www.sheilakitzinger.com/)

Fuente: placentera.com