Abuelicidad: abuela mas felicidad…

         
Por: Redacción

Abuelicidad: abuela mas felicidad…

¿Qué es ser abuela para mí? Primero aceptar esa condición.  Ser abuela. 

Ese proceso de aceptación me llevó a ser consciente de la edad que tengo y de la nueva etapa en la que me encuentro.
 
Pero, ¿con qué instrumentos contaba para enfrentar esta nueva etapa, si desde pequeñas nos enseñan a mentir sobre nuestra edad, a recurrir al artificio que la enmascare? Por ejemplo: si nos encontramos con alguien después de no verle en mucho tiempo, ¿qué es generalmente lo primero que le decimos y, sobre todo, si es mujer?  ¡Que bárbara estás igualita, qué joven te ves! 
 
Permítanme hacer un paréntesis para llamar su atención sobre un asunto en particular antes de continuar con la presión social por vernos siempre jóvenes. ¿Se han dado cuenta de lo distintas que son las expresiones cuando se habla de un hombre mayor y de una mujer mayor? Regularmente ellos son: excéntricos, geniales, interesantes, seductores, guapos.
 
¿Se dice lo mismo de nosotras? sí escuchan decir de una mujer mayor: mira qué guapa  esa mujer, que elegante y sofisticada se ve con la edad, sus arruguitas le dan una gran personalidad y su cabello platinado es lo máximo! ¿Sí escuchan esto con frecuencia? 
 
En mi experiencia, ¡no! ¡todo lo contrario! lo que generalmente escucho y hasta en tono despectivo, o con cierta lástima es: ¡que vieja está! ¿Te acuerdas qué guapa era? o ¡Ya dio el viejazo! Y de mamacitas pasamos a ser de golpe, madrecitas ¿Se dan cuenta, del  modo, tan desigual, de referirse a las mujeres mayores y a los hombres mayores?. Hay que poner atención cuando lo decimos o pensamos porque se trata de una expresión absolutamente naturalizada de discriminación, desigualdad e inequidad y muestra el poco aprecio social que se tiene por las mujeres mayores en comparación con el que se tiene por los hombres mayores. 
 
Por otro lado, ¿han pensado en el impacto emocional que sufriremos el día que no nos digan lo jóvenes que estamos si no estamos preparadas? Pues las invito a liberarse de la dictadura de la apariencia juvenil, a que sigamos siendo guapas, a que nos gustemos en todas nuestras etapas y a que aprendamos a envejecer con naturalidad.
 
Continuemos entonces con la fuerte presión social que recibimos hombres y mujeres por ser jóvenes:
 
El periódico The Independent, de Inglaterra, publicó un estudio  en el que se analizaron canciones desde 1930 con letras negativas sobre el envejecimiento como el clásico de los Beatles “Cuando tenga 64”, las referencias a: “al perder el cabello cuando tenga 64…aún me enviarás un corazón por San Valentín, un saludo de cumpleaños una botella de vino?”, en la investigación se señala que: “la identidad de la tercera edad se asocia con una vergonzosa decadencia física, falta de atractivo y con no merecer amor …” (La Jornada 10 Marzo 2016)
 
Y a estos estereotipos negativos de la vejez se agregan la exclusión en el ámbito económico. Las pensiones son raquíticas, es excepcional que se ofrezca un empleo a personas de más de 60 años, o que puedan conseguir un crédito bancario para fundar un negocio.
 
Esta consigna de ser siempre jóvenes tiene  como caldo de cultivo la  época que nos ha tocado vivir, algunos estudios la ven como: “la era del vacío; narcisista, individualista” (Gilles Lipovetsky); de banalidad,  una era que empuja  a los jóvenes a sólo querer ser ricos y famosos; “importa más el tener que el ser” dice Erich Fromm; “una era de exhibición y ostentación pública, de cinismo”, (Ricardo Rafael); “tiempos de una fuerte y prolongada crisis de valores e incertidumbre” (Cipriano Sánchez García); “era de aceleración en la que el tiempo fue desnaturalizado: dejó de depender de los límites biológicos del ser humano” (Luciano Concheiro); “una era  líquida, efímera, en la que la máxima “es úsese y tírese”, en lugar de cuidar, restaurar y mantener;  una era en la que todo está hecho para que no dure  incluyendo los vínculos afectivos y las relaciones estables”. (Zyigmut Bauman)
 
 
Bueno, ¿Y qué tiene que ver todo lo anterior con ser abuelas o abuelos? Pues que ser abuela o abuelo, es sinónimo de viejo y en la actualidad, todo lo que es viejo se considera desechable, lo viejo no es apreciado, por no decir, despreciado. En gran parte las esferas de la vida social, económica y cultural, por lo general, las personas  consideradas “viejas”, pocas veces se toman en cuenta en el diseño de políticas públicas de bien-estar; en el sector salud, en la familia, con frecuencia, se les considera una “carga”. (Hay que tomar en cuenta que se está invirtiendo la pirámide poblacional, Uno de los objetivos actuales de la medicina es aumentar la longevidad, en cien años pasamos de vivir de 40 o 45 años a un promedio que puede llegar a los 83).
 
El shock emocional que me produjeron todas estas consideraciones me colocaron frente a una encrucijada: aislarme y deprimirme o responsabilizarme y comprometerme a jugar un papel activo en la revaloración de la importantísima función que podemos cumplir las abuelas y los abuelos en la familia, la sociedad, la política, la economía, la ecología.
 
Tomé la decisión de ejercer mi pleno derecho a la palabra, a decir sin vergüenza mi edad, a decir con claridad y sin miedo lo que siento, lo que pienso, lo que necesito; a dar pasos contundentes hacia mi salud física, espiritual y mental, a emprender una lucha decisiva en lo personal y en lo colectivo por desprendernos de creencias obsoletas que nos lastran; a luchar para reducir prejuicios y estereotipos que se tienen respecto a la condición de ser abuela o abuelo. 
 
En este proceso de reinvención, empecé por buscar una palabra que sustituyera la odiosa y grosera palabra “vieja”, y descubrí a Jean Shinoda una psiquiatra neoyorkina de origen japonés que me reveló la palabra y el sentido de lo que andaba buscando, dice Jean Shinoda:
“Convertirse en anciana tiene que ver con el desarrollo interior y no con la apariencia externa. Una anciana es una mujer que posee sabiduría, compasión, humor, valentía y vitalidad. Es consciente de ser verdaderamente ella misma, sabe expresar lo que sabe y lo que siente y emprender una acción determinada cuando es necesario”. No aparta los ojos de la realidad, ni permite que se le nuble la mente. Puede ver los defectos y las imperfecciones en ella misma y en los demás, pero la luz con la que los ve no es severa ni enjuiciatoria. Ha aprendido a confiar en sí misma hasta saber lo que sabe”
Así que, si para llevar una vida y una abuelicidad (neologismo que se me ocurrió  haciendo una combinación de la palabra abuela y felicidad), comprometida y responsable no puedo, como dice Jean Shinoda apartar los ojos de la realidad así que tenía que integrar a esta re-significación del sentido de la vida que me propuse, no sólo lo que me hacía bien a mí, sino también, lo que puedo aportar a los demás, el ser para los otros” diría Bauman, cómo poder enriquecer  la vida de mis nietos Tadeo y Rocco y colaborar en la construcción de un mundo mejor. 
 
Para tener una orientación sobre el qué hacer observo mi entorno, establezco conversaciones, reviso periódicos, leo ensayos, busco con ello un norte que me guíe.
 
A continuación les comparto algunos de los temas más apremiantes con los que me encontré en los periódicos:
 
“México, es el país de la desigualdad económica y social,  afirma Silvia Giorguli, presidenta del Colegio de México” (La Jornada, 18 de marzo 2017.
 
“Se cuadruplica la inflación, como efecto del gasolinazo en marzo según cifras del Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI),” (La Jornada,  8 de marzo de 2017)
 
Carlos Puig señala en un artículo del periódico Milenio  “La violencia crece (en México), según un informe de Lantia Consultores que llevan muchos años haciendo un inventario de homicidios relacionados con la delincuencia organizada. Al comparar el nivel de violencia de enero de 2016 (829) con el de enero de 2017 (mil 387) se observa un aumento del 67,3% y estiman que 2017 puede finalizar con 14 mil 236 ejecuciones”.
(Milenio, 20 febrero de 2017).
 
“En lo que va de este sexenio, la inseguridad provocó el cierre de 6,700 negocios” (Reforma, 1 de mayo de 2017). 
 
“Llega la deuda pública a nuevo máximo histórico de 9.7 billones de pesos”  (La Jornada, 31 de marzo de 2017)
 
“ONU: El problema de desaparición forzada de personas en México está tomando dimensiones aterradoras” (La Jornada, 22 abril de 2017)
 
“En riesgo de hambruna más de 100 millones de personas en el mundo”…señaló la Organización de Naciones Unidas (ONU) la cifra representa un aumento del 30% respecto al año pasado… en Somalia uno de cada siete niñ@s muere antes de cumplir cinco años…” (La Jornada, 8 de marzo de 2017)
 
Con respecto a la problemática infantil y adolescente:
 
“México ocupa el primer lugar mundial de embarazos de niñas y adolescentes” 
(La Jornada, 28 de agosto de 2014).
 
“El año pasado 10 mil 854 menores de 15 años dieron a luz en México”. 
(Milenio, 8 de marzo de 2017).
 
“México Ocupa el primer lugar Mundial en obesidad y Diabetes infantil”
(Jornada 18 de febrero de 2016 (unicef.org)
 
“Mueren al año 1.7 millones de niños por contaminación ambiental… en el mundo Informó la organización mundial de la Salud (OMS)”
 (La Jornada, 7 de marzo de 2017).
 
“1.5 millones de menores de 5 años padecen hambre en México según la encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2013”.
(Excélsior, 30 de abril de 2017).
 
“Sube la pobreza infantil” en más del 50% de países de la OCDE, Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos  …76,5 millones de ni@s en el mundo carecen de lo necesario.
 (La Jornada, 29 octubre de 2014).
 
“La pobreza extrema entre los niñ@s de AL es el triple que la de los adultos” señaló el Banco Interamericano de desarrollo (BID)”. (La Jornada, 25 de octubre de 2016).
 
“Niñez sin infancia y sin derechos. En México hay 40 millones de niñas, niños y adolescentes de los cuales 21.4 millones (más de la mitad) viven en pobreza de acuerdo al fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). 
(Milenio, 30 de abril 2017).
 
“En México se estima que por lo menos las 30 mil niños y adolescentes colaboran con la delincuencia organizada” Informó la Comisión Interamericana de derechos Humanos (CIDH) en su informe de violencia, niñez y crimen organizado 2015”.
(Milenio, 1 de mayo de 2017).
 
Y quiero poner especial énfasis en el tema de la violencia que sufren niños y niñas con esta nota:
 
“Mueren cada cinco minutos niños y niñas como resultado de la violencia. Cerca del 75% de las muertes violentas estimadas diariamente ocurren en países en paz.
Millones de niños y niñas son vulnerables al abuso físico sexual y emocional en hogares, escuelas y comunidades.
La violencia sexual, la disciplina violenta en el hogar y la escuela, dificultan el desarrollo de los niños y niñas”
(La Jornada, 22 de octubre de 2014)  
 
A este mundo trajimos a nuestros hijos, en este mundo están creciendo nuestros nietos y nietas, y si ya les fallamos a los primeros  en ofrecerles un mundo mejor para vivir, no les fallemos a nuestras nietos y nietas. Y no olvidemos que al ser abuel@s no dejamos de ser madres o padres, tenemos una doble responsabilidad y podemos hacer mucho todavía por nuestros hijos y más por nuestr@s niet@s.
 
Les invito a poner en práctica la abuelicidad consciente, dice Bauman: 
 
“La consciencia conduce a la amargura y remontar el sentimiento que provoca en los que se atreven a ser conscientes, es una tarea de sabios, tal vez de santos o de locos sagrados” 
 
Seamos sabias, no seamos tan santas, pero sí locas defendiendo lo más sagrado, la vida, la seguridad, la paz. 
 
Hagamos extensiva esta abuelicidad, a todos los niños y niñas y al resto de la humanidad y la naturaleza, desarrollemos una cultura que ponga fin a la violencia que vivimos e instauremos la paz. 
 
Sobre la violencia Jean Shinoda dice: “la violencia en las escuelas, en las calles, el terrorismo y las guerras, tienen como origen común el ansia de dominar…”
 
Revisemos a consciencia qué tipo de violencia vivimos y ejercemos, identifiquemos la violencia no solo de afuera, sino también la de adentro y comencemos a modificar conductas nocivas, autoritarias, violentas, de dominación, ese es el principio de la transformación social, hagamos lo que decía Gandhi “seamos el cambio que queremos ver en el mundo” construyamos en nuestras familias, en nuestros hogares, un ambiente de paz, y así empezaremos a contagiar al mundo. 
 
He escuchado a abuel@s que dicen “nosotros solo estamos para consentir, que eduquen los papás” ojo, en cada una de nuestras actitudes, de nuestras acciones, estamos proyectando emociones y sentimientos, valores sociales y familiares,  eso, educa.
 
Aristóteles decía: 
 
“Las virtudes morales se desarrollan con el hábito… no las poseemos por naturaleza… adquirimos esas virtudes ejercitándolas, al igual que ocurre con otras artes… Aprendemos a hacer las cosas al hacerlas: los hombres aprenden el arte de construir, construyendo… a tocar el arpa tocando el arpa. Así mismo al realizar actos de justicia aprendemos a ser justos, al practicar autodisciplina aprendemos a ser disciplinados, al realizar actos de valentía aprendemos a ser valientes” .
 
Consentir no es malcriar, consentir es aplicar una pedagogía de la ternura, este concepto lo inventó el Dr. Luis Carlos Restrepo y consiste básicamente en ver a la educación como un acto de amor y ternura,  también dice:
 
“Para la civilización moderna, no son suficientes el análisis, el pensamiento crítico y el triunfo de los argumentos, si queremos construir un mundo mejor, necesitamos creatividad, originalidad y una comprensión y percepción más justas  y adecuadas de la turbulenta época que nos ha tocado vivir”.
Si educamos queramos o no, entonces hagámoslo con consciencia, amor y ternura. Tómense el tiempo de experimentar, de entusiasmar, contribuyamos a que el aprendizaje, el conocimiento, no se obtengan por memorización, repetición e imposición, sino a través de vivencias significativas, una vivencia significativa construida con amor y ternura se implanta en la psique  y en el corazón, se vuelve constitutiva de la personalidad de los niños y las niñas, y así principios y valores como la honestidad, respeto, libertad, solidaridad, bondad, lealtad, generosidad, disciplina, perseverancia, humildad, prudencia, esfuerzo, salud, confianza, serán deseados por la propia persona y no obedecidos.
 
Estemos muy atent@s, a no seguir perpetuando los distintos roles y estereotipos que se nos asignan desde la infancia; las niñas, solo juegan con muñecas, al té, cocinan ricos pasteles y limpian la casita, son débiles, exigentes y por supuesto tienen permiso de llorar.  Los niños, solo, se visten de azul, juegan a los carritos, y si llegan a jugar con las niñas les toca traer el dinerito,  si les pegan deben responder pegando más fuerte, ¡ahh! y tienen estrictamente prohibido llorar.
 
Desmontemos estos roles y estereotipos, sembremos desde la infancia, resistencia a que el género, el nivel social, económico, cultural, educativo, el color de piel, las creencias o la orientación sexual, no sean la coartada para ejercer algún tipo de dominación o violencia. 
 
Construyamos como abuelas, como madres, un clima de paz que nos permita un desarrollo integral como personas, como país, como mundo.
 
Juguemos a 1,2,3 por mí, y por todos y todas. 
 
¡Gracias!
 
Verónica Velasco
 
 
Referencias bibliográficas
 
Betancourt, A. (2003). Conceptos básicos para una pedagogía de la ternura. Bogotá: Ecoe Ediciones.
 
Simmel, G. (2010). Cultura líquida y dinero. Fragmentos simmelianos de la modernidad. Barcelona: Anthropos Editorial, México: UAM Cuajimalpa.
 
Bauman, Z. (2007). Vida de consumo. México: Fondo de Cultura Económica.
 
Bauman, Z. (2010). Vida líquida. Barcelona: Paidós.
 
Sánchez, C. (2010). Construcción de comunidad en tiempos posmodernos. México: Siglo XXI Editores.
 
Shinoda, J. (2006). Las brujas no se quejan. Barcelona: Editorial Kairós.
 
Concheiro, L. (2016). Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante. Barcelona: Editorial Anagrama.