¿Tu hija de 20-y-algo está en una relación? Mejor nunca le preguntes alguna de estas 8 cosas

         
Por: Redacción

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Las relaciones amorosas han cambiado sustancialmente en las últimas décadas, prácticamente en todo el mundo. La estabilidad, la claridad de propósitos y fines, el compromiso y otras cualidades que, no sin una idealización de por medio, atribuíamos a las relaciones de antaño, parece que actualmente han sido intercambiadas por una concepción más volátil del amor, más frágil quizá, desechable o simulada, menos real. O, como quiere el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, ahora quizá solo sea que el amor es líquido.

De ahí también que, en ocasiones, exista una especie de abismo de entendimiento entre padres e hijos cuando los primeros intentan hablar con los segundos sobre la relación que sostienen.

Recientemente, en el sitio Alternet, Samantha Matt ha publicado un interesante artículo sobre 8 cosas que no debería nunca preguntarse a una mujer en sus veintitantos que se encuentre compartiendo una relación de amor con otra persona.

Más que una lista de consejos, se trata de un retrato sencillo, directo y ligero (pero sustancial) del estado que guarda actualmente el enamoramiento y el compromiso, un motivo para reflexionar y darnos cuenta de que, muy probablemente, las cosas no son como antes ―y, en cierta forma, tampoco tendrían que serlo. 

1. ¿Creen que se casarán? El matrimonio es sin duda uno de los temas más sensibles y, para alguien en sus 20, sin la importancia de antaño. También se trata de un asunto que, a fin de cuentas, le concierne solo a los implicados.

 

2. ¿Usan condón? ¿Qué respuesta espera alguien que pregunta esto? Si un sí, se trata solo de una confirmación de control sobre la otra persona. Si un no, de verdad es muy poco probable que el discurso subsiguiente (sobre la posibilidad de un embarazo o de contraer una enfermedad de transmisión sexual) no sea ya conocido por los jóvenes.



 

3. ¿Es el/la indicad@? ¿Quién puede saber eso? ¿Todavía importa? Es posible que actualmente las relaciones sean más flexibles (con los pros y los contras que eso conlleva) y, por lo tanto, parezca no importar tanto si una persona pueda ser “la elegida”, la compañía hasta la muerte de la fórmula matrimonial ―una opción que, por otra parte, poco simpática.

 

4.¿Cuándo van a vivir juntos? Poco más o menos lo mismo que el punto anterior. Queda claro que el compromiso es una noción en perpetuo cuestionamiento en las generaciones actuales.



 

5. ¿Qué harías si quedaras embarazada ahora? Una pregunta incómoda y quizá innecesaria. En lugares donde el aborto es una opción legal, mencionarla siquiera asustaría al vecindario entero.

 

6. ¿Y el anillo? ¿Todavía se utiliza eso del “anillo de compromiso”? En un mundo en el que el feminismo crítico va ganando terreno día a día y los viejos principios de las sociedades patriarcales se han puesto por fin en duda, usanzas como el “anillo de compromiso” han sido desacreditadas, en tanto se les considera expresión de una dominación injusta e histórica por parte del hombre a la mujer.



 

7. ¿Cuándo se comprometerán? Es posible que un matrimonio, una boda o siquiera la formalización de una relación no pase por la cabeza de los más jóvenes. Y hay que aceptarlo.

 

8. ¿Por qué no se han comprometido aún? La insistencia, claro, puede ser fatal. Acaso lo mejor sea dejarlos en paz con sus relaciones, que se equivoquen y aprendan por sí mismos y, en todo caso, estar ahí cuando lo pidan. A esa edad se ha hecho ya lo posible en cuanto a formación y educación se refiere.