Los materiales con que se empacan ciertos alimentos pueden provocar daños a la salud

Productos envasados

Imagínense: por un lado, un grupo de científicos afirma que la comida envasada es peligrosa, e incluso que es una de las principales causas del cáncer; por el otro, otro grupo de especialistas responden a la insinuación despreciando los resultados. ¿A quién se le debe de creer?



Pero primero, ¿qué pasa realmente con la comida envasada?

El envasado es un método que se utiliza para conservar alimentos, en el cual se someten a la temperatura necesaria para destruir posibles microorganismos que habiten en ellos y así sellarlos a presión en latas, bolsas herméticas o tarros. El objetivo de este proceso es evitar la proliferación de patógenos que puedan dañarnos cuando consumimos alguna comida infectada. La mayoría de ellos son como las verduras, las carnes, los mariscos, los lácteos e incluso los pollos.

Es verdad que los alimentos necesitan el apoyo de sustancias antimicrobianas para que nos duren mucho tiempo en nuestros hogares; sólo de ese modo se puede retardar el desarrollo de bacterias o moho. Los compuestos químicos más utilizados en el envasado son los sulfitos para el vino, las verduras en vinagre, etcétera; el ácido sórbico en productos como las papas, el queso y la mermelada; aditivos en la carne como embutidos o jamón; el ácido benzoico y sales de calcio, sodio y potasio, empleados en pepinillos en vinagre, mermeladas, gelatinas, condimentos, entre otros.   

¿Qué dice la ciencia respecto a esto?

Un estudio publicado en Journal of Epidemiology and Community Health explica que la comida envasada es prolija a mecanismos de toxicidad, correlacionándose con diferentes tipos de enfermedades. Esto sucede a través de los Materiales que están en Contacto con la Comida (FCM, por sus siglas en inglés), los cuales son artículos utilizados para envasar, almacenar, procesar o preparar los alimentos para humanos. La mayoría de estos elementos están hechos de plástico o material sintético como el aluminio de las latas, el laminado de los envases de las bebidas, entre otros; por lo que contienen químicos dentro de sí, difundiéndose en la comida que protegen.

De acuerdo al estudio, aquellos químicos que penetran en la comida pueden provocar cierto peligro a largo plazo en la vida de las personas. Los investigadores explicaron a la BBC que “la correlación entre el envasado y la obesidad, diabetes y enfermedades neurológicas necesitan ser exploradas”. Incluso, una de las sustancias que los investigadores divulgaron como principal causa de cáncer fue el formaldehído.

Mientras que la ciencia de algunas de estas sustancias está siendo debatida y los responsables de la política del mercado pelean para satisfacer las necesidades de los productores, los consumidores se mantienen expuestos diariamente a estos químicos, y la mayoría no lo sabe.

No obstante, otros científicos se han revelado en contra de este estudio. Uno de ellos ha sido el Dr. Ian Musgrave, senior en Farmacología de la Universidad de Adelaide, quien responde que [la acusación] es “demasiado severa para tomarse en serio”. De acuerdo con este especialista, “La preocupación acerca del formaldehído en la comida envasada está sobrevalorada, a menos que planeemos poner estampas de ‘potencial riesgo cancerígeno’ a las frutas y las verduras.”

Incluso, se ha considerado que estos estudios pintan un futuro bastante alarmista, ya que no se puede reconocer ni cuantificar ningún efecto de los FCM. El Dr. Oliver Jones, profesor en la Universidad RMIT en Melbourne, Australia, comenta que: “No se está negando que la ingesta en dosis bajas de estas sustancias pueden causar “en principio” cierto daño. […] Siempre será bienvenida más investigación al respecto, desde un punto de vista científico. Pero yo encuentro más peligrosos los niveles de grasa, azúcar y sal en la comida procesada de hoy en día, que en la migración de ciertos químicos en el proceso de envasado.

Como consumidores, es normal sentirnos un poco confundidos al respecto de esta situación. Por un lado, los estudios nos indican que, en la actualidad, toda comida hace daño y que se necesitan más estudios para fortalecer las conclusiones; por el otro lado, al despreciarse los resultados vigentes, se fomenta una incógnita y duda en la misma población: ¿a quién se le debe de creer? Y es que no se trata de una cuestión acerca de quién está bien y quién está mal; sino de considerar el bienestar común, la salud en los mismos consumidores.