Mitos sobre la vulva: cómo deberíamos realmente de cuidarla

La vagina altera el orden de las relaciones interpersonales, influyendo de algún modo en nuestra percepción de una mujer. Ambas, bellas y poderosas, cuentan con diferentes personalidades, formas, olores, sabores. ¿Por qué entonces las obligamos a cambiar conforme a lo que alguien nos dijo que se esperaba de ellas? 

Sólo es cuestión de indagar en revistas, televisión o páginas de internet: todas aterrorizan con los moldes en que cada mujer (y su vagina) debe formar parte: con poco vello, perfumada pero sin exagerar, pulcra según los estándares artificiales, entre otras características. Y a partir de entonces se esparcen mitos acerca de cómo deberíamos cuidar nuestro cuerpo; en especial con la vagina. Como por ejemplo

¿No preferirías ser la chica que “su allá abajo” oliera y supiera bien? ¡Entonces depílate!” Este tipo de mensajes hacen pensar que la naturalidad de nuestro cuerpo es repugnante, cuando en realidad es eso: natural. Tanto su aroma como su físico deberían de ser artificiales, afectando de ese modo la percepción que tenemos acerca de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. ¿Acaso nuestra persona sería diferente si nuestra vagina oliera diferente o no tuviera vello púbico? 

Otro mito que se corre de un lado al otro es que debemos de bañar el interior de nuestra vagina, porque es sucia. Nuestra vulva y vagina no necesitan limpiarse dos veces al día porque no están sucias. La vagina produce un ambiente muy particular y balanceado por sí sola: no es necesario alterarla. Sólo necesita agua cálida durante tu baño. Nada más. 

Si deseas depilarla, rasurarla o dejarla al natural: es tu decisión. De nadie más. Y menos de alguien de una revista que no sabe lo que tú, en específico, necesitas o deseas. 

Lo que sí es tener cuidado cuando, después de haber orinado o defecado, entonces limpiarte del frente hacia atrás para evitar transferir las bacterias del ano. 

En caso de tener una infección, en que sientas comezón o se desprenda un fuerte olor a pescado: necesitas ir al médico. Nada de baños con yogurt y tampones. Como lo mencionamos anteriormente: la vagina crea su propio ambiente saludable, por lo que no necesita de agentes externos para cuidarse (a menos que tengas una infección y el médico te lo recete). 

Las vaginas no deberían oler a rosas, sino a lo que son. No deberían de verse pequeñas o enormes, sino a la manera en que están hechas. Y la mejor manera de descubrirla y cuidarla es darse cuenta de cómo es, de sus necesidades, de sus privilegios, de sus fortalezas. Suyas. No las de alguien más ajeno a ti. 

 

Redacción

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