Estudio revela que las personas mayores disfrutan más de sus días que los jóvenes

         
Por: Redacción

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Cuando somos jóvenes buscamos alcanzar metas que consideramos adecuadas a nuestras personas: viajar, ser alguien exitoso tanto personal como profesionalmente, tener dinero, entre otras cosas. Queremos hacer tantas cosas que el único obstáculo entre nuestras ilusiones y nosotros es nuestro cuerpo; entonces consideramos que nuestra recámara es tan pequeña para las situaciones tan impresionantes que soñamos.

En su libro Ser o tener (1976), Erich Fromm describe esta sensación como la “Gran Promesa del Progreso Ilimitado”, donde disfrutamos del abundante beneficio material, de una increíble felicidad por obtener cada vez más cosas, y de una indudable creencia de libertad personal. Toda esta promesa proporciona no sólo energía y vitalidad, sino también esperanza para alcanzar dichos objetivos de vida.

Sin embargo, este savoir-vivre es parte de un paradigma enfocado en un hedonismo radical, en una codicia mental que jamás se puede saciar; y aunque las experiencias que vivimos sean más que extraordinarias, como comprar una casa en la playa, viajar por el mundo, nadar por el canal de la Mancha, manejar el automóvil del año, adentrarse por la selva africana, no son suficientes cuando nos damos cuenta de un pequeño defecto en el plan: nuestro fin.   

La Universidad de Pensilvania y el Colegio Dartmouth estudiaron este fenómeno de la búsqueda de la felicidad a través de eventos extraordinarios, también la influencia que estas experiencias pudieran tener en cuanto a su definición de vida y de sí mismos, e incluso la importancia en compartirlo con otros seres o en redes sociales. Para lograrlo, hicieron encuestas a 221 participantes regulares, entre 18 y 79 años de edad, acerca de la satisfacción de las experiencias extraordinarias (como irse de viaje a Londres o escalar el Everest) y de las ordinarias (como platicar durante horas sin darse cuenta del paso del tiempo o el placer de una buena comida).

¿Y los resultados?

Están publicados en el Journal of Consumer Research, en donde los investigadores concluyeron que las experiencias ordinarias recobran importancia cuando nos damos cuenta del límite de nuestros días. Esto no quiere decir que los momentos extraordinarios no funjan como motivadores, y por lo tanto como generadores de satisfacción en nuestras vidas, sino que, conforme envejecemos, disfrutamos más de los instantes del día a día. La percepción del futuro limitado converge en una valoración tanto de lo cotidiano como de lo excepcional.

Las experiencias extraordinarias, las cuales son raras y nos sacan de nuestra rutina diaria, atraen la atención de las personas y persisten en nuestra memoria, por lo que proporcionan felicidad en cualquier estadío de la vida. […] Los momentos ordinarios que constituyen nuestra vida día a día suelen ser pasados por alto cuando el futuro parece infinito; sin embargo, estas últimas son las que contribuyen cada vez más una felicidad plena a personas que están conscientes de que sus días están contados.



Por ello, se recomienda no sólo enfocarse en los objetivos de vida y sus posibles resultados, sino también en el proceso para alcanzarlos. Seguramente habrá días difíciles, en los cuales se deseará que la tierra nos trague; pero recuerda que es el proceso y el resultado los que constituyen el cimiento de la felicidad plena. Es la capacidad de renovarse, de crecer, de fluir, de amar, de trascender, de dar, de estar motivado.