Médicos dan a conocer el segundo caso del bebé que curan de VIH

Bebé y el VIHEl VIH, aquel golpe a las defensas que corren por las venas de un individuo, es un nudo de dolor y de ignorancia que puede llegar a convertirse en una sentencia mortal. Debido a los juicios y los mitos que rodean la imagen del Virus de Inmunodeficiencia Humana, las personas que lo padecen a veces no saben cómo reaccionar ante los síntomas ni ante el diagnóstico.

Y aunque la lógica nos impulse a buscar primero atención médica, la vergüenza o el prejuicio pueden convertirse en los mayores obstáculos de la vida. Por lo que, al conocer un poco más con respecto al tema, es probable que cambie la manera de responder ante una situación relacionada con el VIH.



Hace algunos días se dio a conocer la noticia de que un bebé en Los Angeles, EE.UU., se convirtió en el segundo recién nacido en ser curado del VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana). De acuerdo con los doctores que trataron al bebé, se utilizó el mismo método que aquellos en Mississipi, EE.UU., quienes fueron los primeros en curar a un bebé de esta enfermedad, al iniciar su tratamiento 30 horas después de su nacimiento (aún si no estaban seguros si él tenía el virus en sus venas).

Aunque parece una buena noticia, en el fondo tiene ciertas implicaciones a considerar: ¿qué es el VIH?, ¿cómo podemos detectarlo tanto en nosotros como en los niños?, ¿qué podemos hacer para prevenirlo?

Mientras que el VIH es un virus que daña las células del sistema inmunológico del organismo, el SIDA es la sigla del síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Cuando se adquiere el virus, los primeros signos de la infección pueden desencadenar intermitentemente la inflamación de los ganglios y síntomas gripales; ya después, los síntomas más graves aparecen hasta pasados meses o años: diarrea, fatiga, fiebre, dolor de cabeza, úlceras bucales, rigidez muscular, problemas de la piel, dolor de garganta, infecciones en los genitales.

No puede contagiarse por tener contacto directo ni indirecto con una persona infectada; sino por: el contacto genital (fluidos corporales como el semen y secreciones vaginales), aunque no existen pruebas de que la infección se transmita a través de la saliva o de picaduras de mosquitos; el contacto sanguíneo cuando se comparte una aguja contaminada con sangre infectada, o a través de una transfusión; algunas mujeres pueden transmitir el virus a sus bebés durante el embarazo o el parto, incluso a través de la leche materna.  

¿Cómo se puede detectar?

En la actualidad, hay una amplia gama de pruebas para detectar la presencia de anticuerpos de VIH o de antígeno de HIV-1 p24. Muchos de los estudios que diagnostican VIH ofrecen los resultados en menos de 30 minutos, con un periodo de ventana inmunológica entre 6  y 12 semanas (el tiempo necesario para detectar los anticuerpos del virus).

Se han propuesto tres distintos niveles de disponibilidad para estas pruebas: restringidos en clínicas, dirigidos a un grupo en específico; semirestringido, donde los trabajadores de la salud y voluntarios proveen instrucciones antes de las pruebas, permitiendo dar a conocer la información a un público en general; acceso completamente abierto, donde las pruebas están disponibles al público a través de farmacias, clínicas, tiendas de servicio, entre otros.       

En cuanto a la identificación del virus en recién nacidos, se ha introducido una terapia antiretroviral (ART, por sus siglas en inglés), en la cual hace un examen virológico a nivel molecular durante las primeras semanas de vida. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (WHO), a pesar de la inversión económica que se ha hecho en 104 países, sólo el 35%  se ha sometido al ART.

Entonces, ¿qué se puede hacer?

Primero que nada, se recomienda investigar a profundidad con fuentes confiables; por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud, cuenta con información que puede ayudarnos a conocer más sobre el tema. De hecho, uno de sus consejos es reforzar el sistema inmunológico durante el embarazo, a través de medicamentos autorizados por el médico, ya que de ese modo se reduce el riesgo a infectar al bebé. Y claro está, asistir con un especialista de la salud que pueda proporcionarnos una amplia explicación al respecto.