¿Sabes qué implica el acoso sexual en la calle?

Antes de salir de casa, te observas en el espejo: nada fuera de lo normal, no hay escotes ni ropa demasiado entallada; decides colocarte los audífonos, respirar profundamente y aventurarte a tus obligaciones cotidianas. Y aunque no escuchas el ruido de la calle, presientes, angustiada, el escaneo morboso de los hombres al pasar. En ocasiones, sólo recibes eso, una mirada; pero en otras, traspasan la intimidad visual y escuchas desde chiflidos hasta “piropos”; incluso, también has vivido o te han contado de transgresiones físicas. Cuando lo platicas, esperando un comentario congruente a la situación, oyes frases como: “es tu culpa, ¿cómo se te ocurre llevar falda?”, “tómalo como un piropo, están halagándote por lo bonita que eres”, “pues, ¿qué esperas? Vives en un país machista y eso no cambiará”. Entonces, resignada y temerosa, regresas a la calle para revivir esos modus operandi de la histeria colectiva.

Siendo mujer, seguramente has vivido esta situación muchas veces; aunque podemos responder de diversas maneras: ignorarlo, ocultarnos en la música o en el celular, gritarles o insultarlos, sonrojarse y hasta sonreír. Sin embargo, el hecho de salir del hogar, se convirtió en un constante estado de alerta y de miedo.



¿Cómo es el acoso sexual en la calle?

Gran parte del problema se enfoca en los límites de la definición del acoso sexual en lugares públicos. Es verdad que existen posibilidades de conocer a alguien en la calle, salir y tener buenas relaciones interpersonales; sin embargo, cuando los avances visuales, verbales o físicos son indeseables y agresivos, no se puede negar el hecho de estar siendo acosada. Realmente el dilema se enfoca en esa imprecisa y turbia línea en que un hombre cree estar halagando y que una mujer perciba esa cercanía como una amenaza.

En la ciudad de México, se definió violencia sexual como: “Toda acción u omisión que amenaza, pone en riesgo o lesiona la libertad, seguridad, integridad y desarrollo psicosexual de la mujer, como miradas o palabras lascivas, hostigamiento, prácticas sexuales no voluntarias, acoso, violación, explotación sexual comercial, trata de personas para la explotación sexual o el uso denigrante de la imagen de la mujer”, según el capítulo V del artículo 6 del Código Civil Federal. Aunque, cabe mencionarse que no se contempla pena alguna por este delito.

¿Qué implica el acoso sexual?

Hay especialistas de la salud quienes, al tratar de comprender las causas del acoso sexual, intuyen que los hombres suelen decir piropos como medio de entretenimiento y diversión. No obstante, ¿realmente qué hay al fondo de un “con esas tortas ni refresco pido”, “me gustaría que fueras refrigerador para meterte hasta los huevos”, o comentarios similares?

Al analizar un poco la situación, nos damos cuenta que es una cuestión de poder y control, impregnado de violencia de género; lo cual, deja entrever cierta cosmogonía de una cultura donde el hombre tiene el derecho sobre las decisiones del cuerpo de una mujer. Y, peor aún, ese poder es utilizado para intimidar y deshumanizar a la minoría que está siendo atacada. Desgraciadamente, este comportamiento se ha convertido en un mal aceptado e integrado por la misma sociedad, como si fuera un derecho inherente; lo cual, no quiere decir que sea justificado ni benéfico para las personas.

Como se mencionó anteriormente, esto no significa que no podamos recibir halagos, sentirnos atraídas por un extraño o platicar amablemente con un desconocido. Es posible hacerlo, sí. Pero es una situación completamente diferente cuando se recibe un comentario agresivo y abusivo respecto a nuestro cuerpo: es importante tener en cuenta que esas no son adulaciones. Entonces, ¿por qué los acosadores no consideran que sus comentarios hacen daño?

De acuerdo con estudios de psicólogos sociales, donde se intenta comprender su comportamiento, hay dos perspectivas principales respecto a la violencia de género: la primera se enfoca en el poder ejercido sobre la mujer; la segunda sobre el poder sobre los mismos hombres.

Respecto a la primera perspectiva, y según opiniones de los mismos acosadores, los hombres hacen comentarios agresivos porque: “nos crían para usar a las mujeres como objetos, porque vivimos en un mundo de televisión”, “¿acaso su madre le dijo que se pusiera eso? Es un asunto de cómo te criaron y no te criaron bien si vas por la calle con minifalda”, “las mujeres son tratadas en la forma en que permiten que las trates”. Esto quiere decir que, en primer lugar, hay un problema en la (in)consciencia acerca de las libertades individuales y de género, donde hombres y mujeres luchan por imponer lo que consideran correcto según sus ideales; segundo, continuamos manejándonos bajo reglas invisibles de estereotipos que, al no tenerlos en cuenta, permitimos que se sigan fomentando; y tercero, no ha habido una educación adecuada acerca del respeto y tolerancia tanto con las relaciones sociales como con uno mismo.

Por el otro lado, en la cuestión de la segunda perspectiva, los mismos miembros de la mayoría que está ejerciendo la violencia, también son víctimas de la agresión que en su grupo se experimenta; es decir que, muchas veces existe la presión entre los hombres como parámetro de virilidad unos con otros. Lo que fomenta, a veces, actitudes aún más violentas hacia el grupo minoritario; como si fuera una espiral donde el afectado son las personas del centro. Efectivamente, no es realmente una justificación de su comportamiento, pero una posible explicación.

Entonces, ¿qué se puede hacer al respecto?

No ignores ni respondas con más violencia al acoso sexual. Este es un acto de por sí agresivo, por lo que reaccionar a él con más agresión, sólo te colocaría en su viva imagen: educando, por experiencia visual, a los niños. Por consiguiente, puedes encontrar alternativas para trabajar este mal social; como por ejemplo, hacer un llamado público para generar consciencia de la situación. En Mamá Natural publicamos un video relacionado a la violencia de género, y el cual puedes ver dándole click a la palabra video. También es imprescindible aprender a distinguir los estereotipos en los cuales nos manejamos, ya que de ese modo podemos cambiar el círculo vicioso a través de la educación; es decir que, en vez de continuar con la violencia de género, inculcar los valores de equidad, de respeto y de tolerancia. Esto no quiere decir que la minoría (en este caso, las mujeres) se comporten del mismo modo que sus agresores, sino encontrar un equilibrio donde ambos lados se respeten y toleren:

 […] antes y ahora las mujeres deberían hacer por ellas lo que los hombres ya han hecho- ocasionalmente lo que los hombres no han hecho-, estableciéndose a sí mismas como personas, y quizá dándole el valor a otras mujeres en pos de una mayor independencia de pensamiento y acción. Consideraciones así contribuyeron para que yo quisiera hacer aquello que quería hacer. Amelia Earhart

Otra opción es conocer las leyes del lugar donde habitamos, ya que de ese modo podemos sentirnos más seguras y protegidas. Y en el caso que suframos acoso sexual en la calle, ¡hablarlo! La bloguera Binkerd escribió acerca de su experiencia de hostigamiento sexual; como respuesta a su historia, muchas mujeres también decidieron hacerlo, y sus denuncias se han abierto para investigación.

Así pues, y para concluir, recordemos que la violencia de género también va de ambos lados: tanto de las mujeres como de los hombre. Por ello, para prevenir situaciones incómodas, es importante tomar en cuenta nuestras propias actitudes hacia la situación.  En una ocasión, una increíble mujer dijo: “Lo que haces marca una diferencia y debes decidir qué clase de diferencia quieres hacer”  Jane Goodall.