Beyoncé y otras mujeres famosas en campaña para prohibir la palabra “mandona”

"No soy mandona. Yo soy la jefa."
“No soy mandona. Yo soy la jefa.”

Hace algunos días se lanzó una campaña con el fin de prohibir la palabra mandona de nuestro vocabulario cotidiano. De acuerdo con la iniciadora del proyecto, Sheryl Sandberg, gerente de operaciones de Facebook, el objetivo es promover los roles de liderazgo entre las jóvenes.

A través de un videomensaje, el proyecto fue apoyado por influyentes figuras femeninas, entre las cuales: Beyoncé, Victoria Beckham, Jennifer Garner, Diane Von Furstenberg, Jane Lynch, Condoleezza Rice, entre otras.



La campaña pretende poner en evidencia la manera en que esa palabra influye negativamente en las jóvenes: las puede detener en expresarse, puede afectar tres veces más en su autoestima cuando se interesan en liderar durante un trabajo escolar, se etiquetan a sí mismas como “agresivas” a través de las críticas de los demás. De acuerdo con Sheryl Sandberg: “Las llamamos demasiado agresivas o utilizamos otras palabras similares a la palabra M. cuando son niñas chicas; y entonces se convierten en agresivas, políticas, estridentes, demasiado ambiciosas cuando son mujeres.”

El objetivo es alentar a las jóvenes en sugerir sus ideas, en que tomen las riendas de su vida. Incluso, la cantante Beyoncé termina afirmando: “No soy mandona. Yo soy la jefa.” Les compartimos el video del proyecto:

 

Pero, ¿cuál fue la causa de tanta polémica?

De acuerdo con el proyecto, la palabra mandona es un disuasivo de la ambición femenina. Sin embargo, figuras como Micheline Maynard, de la revista Forbes, comenta: “Hay peores cosas que ser llamada ‘mandona’”; Peggy Drexler, de CNN, atacó directamente a Sandberg al llamarla “oprimida, una de tantas que se victimizan”; mientras que en el periódico Independent argumentó en un artículo: “Prohibir palabras. Qué manera tan más terrible de dirigirse al problema del liderazgo femenino. Se siente muy Kim Jong Un… Ridículo.”

Y aunque debemos aceptar que el proyecto pudo dirigirse al público de una mejor manera, no hay razón para atacar de manera personal a las autoras del proyecto. Es decir, es evidente que Sandberg y Rice no pretenden solucionar los problemas del liderazgo femenino a través de  la prohibición de un adjetivo; sino que sólo invitan a las personas a colaborar en el compromiso social. Como respuesta, Sandberg explica: “Peleamos contra el bullying y tratamos de alentar a los jóvenes a respetarse verbalmente; entonces, ¿por qué horrorizarse cuando pedimos concientizar la manera de utilizar el lenguaje de género?”

Quizá más allá de invitar a prohibir una palabra, un método más accesible es generar consciencia del uso del lenguaje y de las actitudes que las repercuten. Nuestro vocabulario es aprendido desde la burbuja de nuestra cultura, sin embargo no tomamos en cuenta el peso ni el significado social de las palabras; por ejemplo: “es una zorra” para referirse a una mujer que viste minifaldas; “es que es un puto”, para referirse a un homosexual; “es lesbiana”, para querer insultar a una mujer que defiende sus derechos. Por ello es imprescindible tomar en consideración las palabras del día a día: ¿qué es lo que queremos decir, y qué es lo que realmente estamos diciendo?

Recordemos que tanto el lenguaje como las actitudes (el modo de decir las cosas, de reaccionar ante las circunstancias) pueden marcar la diferencia de la manera de ver el mundo. Es un modo de renovar nuestros pensamientos y nuestro aprendizaje, para ofrecerlo a las personas de alrededor.