Redes sociales: un factor que explica los trastornos de alimentación

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Cuando entramos a internet, una de las primeras cosas que hacemos es entrar a la red social de nuestra preferencia: indagamos en lo que nuestros amigos publicaron acerca de su vida, nosotros retroalimentamos esta actividad al comentar sobre nuestras respectivas actividades o pensamientos; revisamos foto por foto a la persona que admiramos o envidiamos; platicamos cibernéticamente con diversos amigos. ¿Te suena familiar?



En la actualidad, nuestra sociedad está encadenada a las interacciones digitales que ofrecen las redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr, entre otros. En ocasiones, permitimos que nuestra vida se rija por el like de nuestros amigos cibernéticos: buscamos reconocimiento, popularidad o cierta consideración de competencia. De acuerdo con Douglas Rushkoff, autor de Media virus y Programa o serás programado, este fenómeno es:

Si le preguntas a un adolescente cuál es el objetivo de las redes sociales, todos te dirán lo mismo: obtener “likes”. Ya sea en Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr los jóvenes usuarios entienden la moneda de este reino, y están más que felices de hacer lo necesario para acumular. ¿Pero esta divisa tiene un valor neutral, o viene con su propia agenda?

Vivir para los likes hace la carrera social de un adolescente más fácil, en algunos sentidos. Ahora ya existe un número que les permite saber qué tan populares son, qué tan bien resuena una foto con sus amigos o si su video tiene una oportunidad de catapultarlos al mundo profesional de la música, el skate o el twerking.  

Lo que tal vez no entiendan, sin embargo, es que el juego de los likes no está ocurriendo en un campo de juego parejo. Fue construido por compañías cuyas acciones de miles de millones de dólares dependen de generar tráfico —más likes, seguidores, favoritos— y vender los datos que pueden deducirse de esto.

En consecuencia, hay adolescentes que modifican su vida entera a partir del juego de los likes. Incluso, un nuevo estudio, International Journal of Eating Disorders, proclama que las mujeres quienes pasan mucho tiempo en Facebook, tienden a estar más preocupadas de sobremanera por su imagen corporal, aumentando el riesgo de trastornos de alimentación.

Los investigadores explicaron que 960 jóvenes universitarias, quienes pasaban más de 20 minutos en esta red social en cada visita y más de una hora en todo el día, consideraban importante los números de likes en sus fotografías, en la constante comparación de sus fotografías con las de otras personas, y también en desetiquetarse de las imágenes en las que no se consideraban atractivas.

De acuerdo con la investigación, las mismas jóvenes no sólo estaban preocupadas por su peso y talla, sino también tendían a sufrir algún desorden alimenticio (anorexia nervosa, bulimia, vigorexia, entre otros). Los trastornos alimenticios son enfermedades causados por alteraciones impetuosas en la dieta: ya sea en atracones de comida o dejar de comer casi por completo. Es evidente que este desorden es derivado por estrés o preocupación severa en el peso o talla corporal. Incluso, esto es influenciado por la demanda social de un cuerpo ideal.   

Razón por la cual, la incidencia del fenómeno incrementa a partir de la importancia que se le den los comentarios y likes. Pamela Keel, del departamento de Psicología en la Florida State University, explica:    

Facebook ejerce en uno una influencia poderosa de los coetáneos, con amplios mensajes sociales que se enfocan en la importancia de la apariencia femenina y de cómo debe ser a lo largo del día. […] Tanto los investigadores como los clínicos intentan comprender y dirigirse a tratar los factores de riesgo que conllevan a los trastornos alimenticios; por ello es importante darle especial atención al rol emergente de esta red social en la vida de los jóvenes.

 Y aunque se encontró una asociación entre el tiempo en las redes sociales y el posible riesgo de sufrir desórdenes alimenticios, el estudio no establece una relación directa de causa y efecto. Por consiguiente, los expertos en la salud sugieren que las redes sociales se utilicen como herramientas para ayudar a los jóvenes a aprender a ser responsables en el desarrollo saludable de una imagen propia. Es una educación constante para tomar en cuenta lo que uno necesita realmente, independientemente de la presión social que existe. Es poder reconocer el lugar donde nos encontramos, comprender nuestras capacidades y nuestras motivaciones, desprendernos de las demandas y condiciones de las redes sociales, concientizar los riesgos que puede implicar su uso y abuso, liberarse de las cadenas del “comparto y luego soy”.