¿Por qué los productos que nos gustaban de pequeños, ahora los compramos para nuestra familia?

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Cuando veíamos la televisión de pequeños, solíamos ver la promoción de algún dulce, juguete o libro, que llegamos a desear y pedirles a nuestros padres, quienes pudieron comprárnoslos o no. Muchos comerciales eran dirigidos específicamente a los niños, quienes eran la vía del convencimiento de los padres para consumir el producto. Se realizaba una paradoja interesante entre la relación inversamente proporcional entre la edad y el dinero: los blancos más vulnerables del marketing eran los niños (quienes no tenían dinero); mientras que era asombrosamente complicado persuadir a los adultos (quienes sí contaban con el presupuesto para gastar).



Un nuevo estudio publicado en el Journal of Consumer Research encontró un pequeño efecto secundario de este tipo de publicidad: Las personas tomaron un cariño profundo por ciertas marcas que fueron exhibidas considerablemente durante su infancia. 

En la investigación, la cual consistió en cuatro estudios por separado, se demostró que las personas tenían buenas referencias de las marcas cuyas mascotas formaron parte de la infancia de los individuos, a pesar de tratarse de un producto nocivo para la salud. Por ejemplo, los cereales azucarados que comimos durante la infancia, seguimos consumiéndolos en la actualidad; o la leche con chocolate en polvo que nos preparaban nuestras madres o abuelas… 

Esto quiere decir que, según el estudio, lo que más influye en la compra de algún producto, fue su presencia a lo largo de nuestra infancia (época en la cual no teníamos la capacidad suficiente para defendernos emocionalmente de los comerciales). Los autores de la investigación, de la Universidad de Chicago, explican que, aunque las personas tienden a ser escépticos ante las promesas de la publicidad, son vulnerables ante el producto que aprendieron a amar de pequeños: “Es como si, de pronto, sus pulsiones de niños bloquearan la habilidad de pensar como todo un adulto.”

El problema se presenta cuando nos llegamos a preguntar si compramos realmente esos productos por una cierta nostalgia que llegamos a sentir. De hecho, esto ha sido uno de los puntos débiles que se le ha reprochado al estudio.

¿Y ustedes compran los productos de su infancia por cariño a la marca o por una sensación de nostalgia?