¿Por qué es preferible no ayudar a tus hijos a hacer la tarea?

TAREAS NENES

La educación es un tema que siempre ha generado polémica en cualquier lugar que se mencione; no obstante, algo de lo que muchas personas están de acuerdo es: la manera en la cual nos comportamos es el vivo reflejo de la educación que recibimos tanto en el hogar como en la escuela. Por lo que, cuando tenemos a nuestros propios hijos, tendemos a recurrir a esos mismos patrones de enseñanza. En ocasiones los cambiamos; pero a veces, forman parte de las características de la familia.



Y quizá uno de los patrones continuos es la forma en la cual nos involucramos en la educación académica de nuestros hijos: vamos a juntas con los profesores, hacemos voluntariado en la escuela, los ayudamos con la tarea, y un cien mil actividades para apoyarlos de cualquier modo. Estas son actitudes consideradas socialmente como las de un “padre responsable”. Sin embargo, ¿qué pasaría si te dijéramos eso es justamente lo que no deberíamos hacer?

Un estudio realizado en la Universidad de Texas, en Austin, indica que la participación de los padres (sin importar raza, clase o nivel socioeconómico y educativo) parece ocasionar huecos académicos en los niños.

En su libro, The Broken Compass: Parental Involvement With Children’s Education, los sociólogos Keith Robinson y Angel L. Harris aclaran que ayudar en el proceso de la tarea puede ciertamente perjudicar las notas del niño; esto sucede debido a que muchos padres ya han olvidado nociones que se estudian únicamente en la escuela. Por el otro lado, el hecho de que los padres se encuentren constantemente en sus instituciones o que coloquen reglas y horarios estrictos para hacer la tarea, no sólo genera ansiedad en los estudiantes, sino también problemas conductuales. 

niño haciendo la tarea

El forzar a los hijos a estudiar no fomenta el interés que puedan adquirir por ciertas nociones escolares. Razón por la cual, los autores señalan la importancia de fomentar la creatividad y la curiosidad en los niños, en vez de imponerles demandas que muchas veces no entienden. Es la cuestión de motivarlos a buscar y a interesarse por diversos temas.

¿Qué se debe hacer entonces? 

Robinson y Harris encontraron una serie de hábitos que sí marcan la diferencia en el desarrollo del aprendizaje de nuestros hijos; como por ejemplo leer en voz alta para los niños, platicar con los adolescentes acerca de sus planes universitarios, ver documentales informativos, entre otros. Si nos damos cuenta, estas intervenciones suceden dentro del ambiente del hogar, no bajo la presencia de profesores y otros académicos.

La socióloga Annette Lareau aconseja que los padres busquen las mejores opciones de educación de sus hijos: con los profesores que tiene buenas apreciaciones éticas y académicas, escuelas que fomenten la creatividad, el conocimiento y hasta la actividad física. Incluso, se ha demostrado científicamente que la influencia positiva de los profesores conlleva tanto a un aumento en la felicidad de los estudiantes como en la disminución de embarazos durante la adolescencia. 

Por consiguiente, esta nota no se trata de criticar ciertas actividades parentales, sino de ir más allá: de llegar al corazón y a la imaginación de nuestros hijos para que desarrollen diversas maneras de alcanzar sus metas (tanto académicas como personales). Se trata de una alternativa para apoyarlos, y entonces sean felices.