¿Cómo se debe usar el jabón antibacterial?

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Aunque el jabón antibacterial tuvo sus orígenes en los hospitales y centros médicos, éste se ha convertido en una popular herramienta dedicada al cuidado de la salud. Incluso, la presencia de los productos de esta índole incrementaron en las últimas dos décadas.



El ingrediente principal de estos productos es el triclosan, el cual se promocionó como químico eliminador de bacterias. No obstante, una investigación de la University of Oregon School of Public Health concluyó que los jabones neutrales son más efectivos en remover las bacterias de las manos, en comparación con los productos compuestos de triclosan (el cual contribuye a desarrollar bacterias más resistentes).

Por el otro lado, de acuerdo con Rolf Halden, director del Centro de Seguridad Ambiental de la Universidad del Estado de Arizona, los productos antibacteriales no sólo son efectivos en hospitales y lugares del cuidado de la salud, sino que también ayudan a controlar la gingivitis a través de los cepillos de dientes; aunque el bajo índice de efectividad puede resultar de su incorrecto uso.

Para que el triclosan elimine completamente  a los microbios, las personas necesitan lavarse las manos durante 20 y 30 segundos. No obstante, la mayoría de las personas tarda, en promedio, seis segundos. Razón por la cual, los estudios sugieren que las bacterias, al sobrevivir, se adaptan a estos químicos, volviéndose resistentes; e incluso, otras investigaciones mencionan que esta situación puede alterar al cuerpo a nivel hormonal.

En consecuencia, el uso incorrecto de estos productos pueden provocar problemas de salud a gran escala. De hecho, asociaciones internacionales han propuesto prohibir la venta de los jabones antibacteriales como artículos de cuidado personal, limitándose sólo al comercio en centros de salud (como farmacias y hospitales). Por ello, Rolf Halden explica que:

Se trata de un paso importante para poder preservar la eficacia de importantes antibióticos clínicos, para poder preservar la exposición pública a químicos potencialmente nocivos que alteran el sistema endocrino, y así regular de nuevo el incremento y acumulación de antimicrobianos en el ambiente.