Este exitoso programa gubernamental ha conseguido reducir la obesidad en Finlandia

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La obesidad y el sobrepeso pueden definirse como una acumulación excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud (OMS, 2012). Estas condiciones son medidas a través del índice de la masa corporal (IMC), el cual se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros. Por lo que, un IMC igual o superior a 25, determina sobrepeso; mientras que uno igual o superior a 30, se le califica como obesidad. 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2008, 1400 millones de adultos mayores de 20 años tenían sobrepeso; y dentro de esa misma población, más de 200 millones de hombres y 300 millones de mujeres eran obesos. Mientras que, en 2010, alrededor de 40 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso.

Ambas condiciones son casos que pueden prevenirse al modificar los estilos de vida que conllevan a su incidencia (y consecuencias). En los últimos años, investigaciones han mostrado que diversas enfermedades crónicas tienen su origen en malos hábitos alimenticios y conductuales; por ejemplo, una mala nutrición en un periodo de tiempo significativo, el uso de tabaco, pasividad física, el abuso de alcohol, estrés psicosocial, entre otros. Estos factores de riesgo son causados por una susceptibilidad individual que es reforzada masivamente por la cultura, el medio ambiente y los factores económicos. Es decir, la población en general está en un riesgo de susceptibilidad de la obesidad y sobrepeso.

Ambos estados pueden desencadenar enfermedades relacionadas entre sí: cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, hipertensión, diabetes, trastornos del aparato locomotor, osteoartritis, degeneración de las articulaciones, cáncer; incluso, también se asocian con una mayor probabilidad de muerte prematura o discapacidades en la edad adulta.

Un ejemplo de esta problemática se dio a conocer en la década de los 70, cuando los finlandeses morían prematuramente por ataques al corazón, sufrían de altos niveles de colesterol en la sangre, de hipertensión y de enfisemas pulmonares.

Desde entonces, diversas asociaciones internacionales y gubernamentales adoptaron iniciativas en lucha de estas situaciones. En el caso de los finlandeses, surgió el proyecto North Karelia (1972), el cual pretendía tomar riendas de la situación al cambiar estilos de vida nocivos para la salud. 

Apoyándose en la comunidad, este proyecto implementó un programa de prevención: utilizaron la educación o el cambio ambiental con el fin de fomentar y facilitar el estilo de vida que atacaría al problema. Esta estrategia permitió generar cambios sociales y de salubridad en toda la comunidad, desde un aspecto individual, institucional y hasta organizacional.

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El objetivo principal de North Karelia era reducir tanto la cantidad de las grasas en el consumo de los alimentos, como el abuso de cigarros. Para lograrlo, se coordinaron programas educativos en escuelas, hospitales, medios, empresas, supermercados, industrias de alimentos. Se sugería remplazar la mantequilla por aceite de oliva, la leche entera por leche baja en grasas, métodos para dejar de fumar, etcétera.

Para 1977, el índice de mortalidad en Finlandia se redujo significativamente. El proyecto había logrado que la ingesta de grasas saturadas disminuyera al 16% de las calorías. El gobierno no se detuvo: en 1979, se introdujo el objetivo de consumir vegetales siete veces a la semana. 25 años después, un cuarto de la población en Finlandia ya había alcanzado esa meta; e incluso, el 52% dejaron de fumar.

Las lecciones de Finlandia son sólo un ejemplo de cómo se puede prevenir el sobrepeso y la obesidad: reduciendo el uso de grasas animales, incrementando el consumo de vegetales y frutas en nuestra dieta, realizar ejercicio cotidianamente, entre otros. ¿Cuáles otras opciones se les ocurren?