La somatización: una enfermedad con orígenes emocionales

¿Te ha sucedido que después de un periodo de mucho estrés, sientes mucho dolor en varias partes del cuerpo? Incluso sufrir de otros problemas relacionados con los sistemas digestivo, inmunológico, hormonal, cardiovascular e incluso el sexual. De manera que las dolencias interfieren con el trabajo y la vida social, dificultando nuestro día a día. 

Los expertos de la salud llaman somatización al proceso de experimentar síntomas físicos por causas emocionales, y los cuales fungen como una llamada de atención para cuidarnos. En otras palabras, la interpretación del estrés provoca que el cuerpo segregue cortisol, la hormona de la adrenalina que destruye poco a poco al cuerpo, para entrar a un estado de alerta; sin embargo, cuando vivimos constantemente con una cantidad significativa de cortisol, entonces sufrimos ciertas afecciones físicas (e incluso emocionales). 

Las enfermedades pueden llegar a ser una emoción descargada en el cuerpo, siempre y cuando no lo invalide para funcionar. Así, algunos pueden sufrir sólo de un dolor de cabeza o de la espalda, tics de los ojos, problemas del estómago, dermatitis o ausencia de deseo sexual. 

Podemos sentir cientos de síntomas, los cuales pueden ser sólo el reflejo del cortisol en nuestro cuerpo. Sin embargo, ¿por qué a una persona le afecta en una zona corporal, y a otra en otra? 

De acuerdo con el psicoanálisis, esta reacción orgánica, cuyo origen es emocional, puede adquirir un simbolismo del órgano afectado. Por lo que depende de nuestra historia genética, emocional y psicológica, para que resintamos las reacciones emocionales a nivel orgánico. Por ejemplo, podemos sentirnos deficientes en la adaptación por sentimientos de miedo y insuficiencia, reacciones patológicas de humor (especialmente depresión), angustia, síntomas psicosomáticos neurocirculatorios, reacciones patológicas de temor, síntomas psicosomáticos (como los dolores físicos anteriormente mencionados), síntomas psicosomáticos gastrointestinales, sensibilidad y desconfianza excesiva, problemas psicopáticos o sociopáticos, entre otros. 

Necesitamos tener consciencia de nuestras reacciones emocionales y corporales, de modo que logremos enfrentar las situaciones estresantes. Y así, aprender a cuidarnos de tanto nuestro cuerpo físico como psicológico. ¿Valen la pena esos estragos del estómago o los dolores de cabeza por situaciones que puedes resolver? Como dice el viejo adagio, “si puedes resolverlo, ¿para qué te preocupas? si no puedes, ¿para qué te preocupas?” 

Redacción

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