¿Cuál es el tipo de belleza que anhelas? Sobre el “capital erótico” de Catherine Hakim

La belleza, dicen los filósofos y artistas, es una experiencia subjetiva que sólo se alcanza por los estímulos correctos de nuestro ambiente. Desde hace siglos, tanto mujeres y hombres han deseado alcanzar la belleza física, dejándose influenciar por numerosos factores como el poder, la popularidad, la afiliación, las emociones, la cognición, entre otros. 

¿Es que la belleza no genera sensación de bienestar, alejándonos de la soledad y pobreza? Llegamos a creer que esta noción, violada por presiones sociales, será la clave de nuestra felicidad. Por consiguiente encontramos a cientos de mujeres deseando entrar en ropa de tallas reducidas y a hombres ejercitándose durante horas. 



Dentro de estas nociones que vivimos a diario, donde muchos nos vestimos para ser juzgados positivamente por el ojo de los demás, estamos reforzando los estereotipos de violencia tanto inter como intrapersonalmente. Es decir que, al obligarnos a formar parte de un sistema de belleza, podemos lastimarnos tanto física como emocionalmente.  Esta situación se definirá quizá por el modo y la razón en que deseamos ser atractivos. 

De acuerdo con el libro de la socióloga Dra. Catherine Hakim, Honey Money: The Power of Erotic Capital, una mujer sólo necesita convertirse en la combinación de “belleza, habilidades sociales, buen sentido de moda, un cuerpo atlético, vivacidad, sex appeal y competencia sexual”. Por lo que, en cuanto más benéficas puedan ser esas habilidades, mayor éxito se tendrá. Es decir: a más capital erótico, más resultados positivos en la vida. 

¿Valdría la pena sacar provecho de nuestros atributos físicos para ser exitosas en la vida? Dentro de la premisa de los estereotipos y violencia de género, es válido: ya que utilizamos nuestro cuerpo para ser aceptados y valorados. Por el otro lado, dentro de otra premisa, aquella de equidad de género, desaparece la noción de “él es un semental, ella es una zorra”: tanto hombres como mujeres deben conocer a fondo su sexualidad* y la manera en que usan su cuerpo para expresarse. Por lo que, al enfocar de manera errónea nuestra atención en el atractivo (y la belleza), estamos ofreciendo nuestra capacidad de decisión propia a una sociedad falocéntrica (y violenta). 

Por consiguiente, debemos estar conscientes que tanto él y ella tienen el mismo derecho (y obligación) de satisfacer sus necesidades tanto físicas como emocionales. Siempre y cuando se haga de manera consciente, sin lastimar a uno ni a los demás. Pero ojo,“[n]o se trata de acostarte con cualquiera, sino de tener atractivo, charme, y usarlo para tus propios fines, sin avergonzarte”. Sin necesidad de acusar de “zorra”, “semental”, “gorda”, “fea”, “encamable”, etcétera. 

Después de todo, la belleza es una noción subjetiva, donde sólo el individuo puede valorarse (o denigrarse) como tal. Y sólo así, de ese modo, buscar la manera de sentirse cómodo, libre y atractivo: desde nuestros corazones.