XIMENA, EL AMOR DE MI VIDA

Me encanta que mi hija me haga preguntas. Me mira muy atentamente con una gran inocencia y en sus ojitos puedo ver que en realidad me admira. ¡Qué gran responsabilidad! Cree en mí y en todo lo que yo le diga… 

Recuerdo cuando fuimos al zoológico por primera vez y ella con una gran pasión y curiosidad me preguntaba de qué estaban hechas las carriolas de los lobos. Todo un reto responder a eso y no matar su ilusión. Esas preguntas echaban a volar mi imaginación y de verdad no sé de dónde sacaba las respuestas. 



“- Mmm… Mi amor tú sabes que los lobos viven en el bosque, entonces juntan todas las ramas que encuentran; con sus largos dientes las cortan, con sus garras les van dando forma y con su saliva las van pegando.

 – ¿Saliva? ¡Guácala!  ¿No usan lodo para pegarlas?

 (Cómo no pensé en el lodo)

 – Sí Ratón (le digo ratón desde el día que la bañé por primera vez). La saliva mezclada con el lodo es un pegamento muy fuerte.

 – ¿Qué es eso?

 – El pegamento es una especie de resistól que nada más pueden hacer los animalitos como los lobos cuando hacen las carriolas para sus hijos… Y lo usan también para pegar las piedras que usan como llantas y poder sacar a sus hijitos a pasear en la carriola por todo el bosque… (espero que cuando sea más grande y recuerde esta historia; le dé ternura y no compruebe que su papá sí es un imbécil)

 – Pa, a mí me dan miedo los lobos, pero me gusta como hacen: Aaaaaauuuuuu!!!!! 

¿Y las mamás lobo les dan mamila a los lobatos?, ¿Por qué ya no me dejan tomar mi leche en mamila? ¿Ellos también tienen vaso entrenador como yo?”…

Esas eran nuestras pláticas hace 3 años. Hablábamos de animales, de princesas (siempre hablamos de princesas, de todas las princesas), de caricaturas, y me hacía todo tipo de preguntas cuando veíamos en la televisión Animal Planet.

 “- Pa, ¿verdad que los cocodrilos se comen a la gente?

– Pa, ¿verdad que las mariposas primero son unos gusanos que se llaman orugas?

– Pa, ¿verdad que los tiburones se comen a la gente?

– Pa, ¿sabes quién también se come a la gente? ¡La ballena de Pinocho! Y los dinosaurios… A mí me dan mucho miedo los dinosaurios, qué bueno que no había ninguno en este zoológico, ¿verdad papi?”

La pregunta más complicada de responder llegó en abril del 2008 cuando íbamos en el coche rumbo al parque de Polanco. Muy seria y esperando una respuesta más madura que la de la carriola de los lobos me mira muy profundamente y me dice:

 “-Pa, papi (muero cuando me dice papi), ¿qué es normal?

 ¿Cómo se responde a eso? ¿Cómo le puedo explicar qué es normal si yo no me lo sé explicar a mi mismo?

 Pude haber respondido como todo un intelectual:

“Es la actividad mental por medio del cual el conocimiento y la habilidad, los hábitos las actitudes e ideales son adquiridos, retenidos y utilizados, originando progresiva adaptación y modificación de la conducta”…

– Mmm ¿normal? Normal es algo que ves normal. (qué pendejo soy, seguro me va a cambiar por otro) Normal es algo que cuando lo ves te parece común. (mi hija se va a decepcionar de mí para toda su vida)

 “Es un término que se le da a una persona que supuestamente no cuenta con ninguna discapacidad, sin embargo; cada uno de nosotros contamos con alguna deficiencia aunque no sea tomada como discapacidad”.

 – Claro, y yo no tengo la capacidad de responderle a una niña de 5 años y medio qué es normal. ¡Soy un discapacitado!

“Lo que se halla en su estado natural. Que sirve de norma o regla.  Regular, ordinario”.

 – Eso es lo que soy: un ordinario. A ver, ¿por qué no le sales con lo de la saliva y el lodo para crear un pegamento tipo resistól?…

 Después de varios intentos me miró y muy desesperada me dijo:

 – A ver papá (pero yo clarito escuché: a ver pendejo). Hay Coca Light, acaba de salir una Zero. ¿¿¿QUÉ ES NORMAL??? ¿Por qué hay Coca normal?…

¡Eureka! (justo íbamos pasando por Arquímedes)

¡Esa sí me la sé! Una no tiene azúcar, la otra no tiene calorías, y la otra sí tiene azúcar y calorías… ¿Ves? Tu papá es un genio y sabe muchísimo de agua carbonatada.”

El amor es tanto y tan fuerte que a veces duele.

El 19 de noviembre del 2002 cambiaste mi vida. 

Era luna llena y además hubo lluvia de estrellas. 

Cuando te tuve en mis manos por primera vez; mi capacidad de amar se disparó al infinito y todavía hoy cuesta trabajo asimilarla.

Ya tuvimos nuestra primer plática de padre a hija. Y no es que no las hayamos tenido antes, pero fue la primera vez que la buscaste tener tú. Me hiciste tu cómplice, tu protector de secretos. De esos primeros secretos que son tuyos y que habitan en tu mente, en tu corazón y en tus fantasías. Esos secretos inocentes que son tan importantes para ti.

Confiaste en mi y estoy muy orgulloso de ti. 

Eran las 6:30 de la mañana y me despertaste con un beso para ponerme al tanto de todo lo que habita en tu mente y en tu corazón. Recargaste tu cabeza en mi pecho y me dijiste: “te amo papi”. 

Me cuentas historias mezcladas entre la fantasía y la realidad.

Me haces reír mucho y cuando no me ves; lloro de amor por ti. Lloro de amor porque existes. Y lloro de amor porque te amo. Te amo, te amo, te amo… Ese es mi secreto y lo quiero compartir contigo. 

Gracias por ser mi hija.

Héctor Suárez Gomís

@PelonGomis