La madre modifica la genética del embrión (aunque no sea hijo biológico)

No hace mucho los científicos descubrieron el impacto que el embarazo tiene en la personalidad y salud del futuro bebé. De hecho fue la hipótesis del médico inglés, David Barker, quien en la década de los 90 sugirió que lo que sucede en el útero podría ser lo más influyente en la formación biopsicosocial de las personas. Pero la data científica tardó alrededor de 30 años para confirmar la creencia de Barker.

De acuerdo con un estudio realizado en el Instituto Valenciano de Infertilidad, la gestante tiene un efecto retrogradamos en el embrión desde el quinto día de la concepción. Es decir que la mujer embarazada puede modificar la información genética del hijo que está gestando –inclusive si no se es la madre biológica–. Y en esta reprogramación genética se ha descubierto que se puede transmitir también trastornos metabólicos, como la obesidad y diabetes tipo 2.



La madre –gestante– es más que una incubadora; es una huella que programa la salud física y emocional del embrión. En especial en un momento crítico como el quinto día tras la concepción. Esto se logra gracias a una comunicación entre el endometrio y el embrión, la cual incluye la capacidad de transmitir no sólo información genética, también una enfermedad metabólica. De hecho, en el caso de vientres subrogados, mujeres que “prestan” o rentan su vientre para aquellas personas que tienen dificultades para reproducirse, existe el riesgo de transmitir este tipo de información al embrión –aún si no es un hijo natural–.

Los investigadores de este instituto han logrado identificar la molécula específica del líquido endometrial que es capaz de reprogramar genéticamente al embrión. Si bien esa reprogramación no se produce una modificación genética, crea un cambio en la expresión de los genes: “En esa comunicación entre el embrión y el endometrio, el tejido que recubre el útero, hace que en el embrión se expresen o se inhiban funciones específicas.”

El estudio apoya la creencia que la salud inicial de la futura gestante, como el tabaquismo y la obesidad, pueden modificar las células del endometrio. Es decir que tanto el tabaco, la diabetes o el sobrepeso pueden alterar el líquido endometrial y así modificar el desarrollo del embrión.

La teoría de Barker sugería que la relación entre madres e hijos, aunque no compartan ADN, existan ciertos rasgos físicos comunes: “No es raro que algunas pacientes que han sido madres en un programa de donación de óvulos compartan algún rasgo físico con su hijo, como alguna mancha en la piel. Antes pensábamos que podría ser pura casualidad o una simple percepción, ahora sabemos que es una modificación epigenética.”