¿Por qué algunas mujeres no tienen orgasmos?

 

Hace poco más de un siglo, Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, descubrió que el ser humano vivía a partir de dos pulmones principales –dos fuerzas impulsoras–. Por un lado, Eros, la pulsión de vida que fomenta y expande el bienestar de un individuo; por otro, Thanatos, la pulsión de muerte que se encarga de destruir y sabotear al mismo. Al converger y convivir, estas fuerzas impulsan la trascendencia de la esencia humana.

Eros pretende brindar una energía enfocada en el bienestar de una persona –en un sentido de vida de placer, motivación y felicidad consciente–. Por lo que regular la energía al enfocarla en el desempeño óptimo de nuestra profesión, el deseo de formar (o no) una familia, la calidad de los vínculos, etcétera. Una de las principales áreas de la vida donde Eros se encuentra latente es el erotismo, en las prácticas sexuales donde las sensaciones, las fantasías y los actos mismos renuevan la esencia humana.

Sin embargo, debido a nuestra crianza cultural, el erotismo se ha desterrado al olvido. Las prácticas sexuales se volvieron mecánicas, genitalmente insípidas, anorgásmicas para cierta población –especialmente, la femenina–, entre otras características. Por lo que, con el fin de retomar al erotismo en nuestra vida cotidiana, un estudio reciente encontró que la deficiencia sexual en la población femenina se debe a una pobre estimulación integral momentos previos al coito. Es decir que la pareja, al estimular en el juego previo –también conocido como foreplay–, sólo se enfoca en la zona genital, lo cual desencadena en la monotonía de la fricción pene y vagina.

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Adena Galinksy, autora de la investigación en la Universidad de Chicago (EE.UU.), explica que la mujer no sufre de una disfunción sexual del orgasmo por orígenes fisiológico o psicológicos, sino porque no hay una interacción adecuada en los momentos previos del acto sexual: “Estadísticamente, se debe a que antes del coito existe poca o ninguna interacción con el resto del cuerpo: ningún contacto sexual, ningún beso, ninguna exploración en ese sentido. ” De modo que, la integración de las sensaciones corporales –tacto, olfato, vista, oído, gusto– pueden general un cambio sorprendente en la percepción del placer sexual.

La integración de las sensaciones corporales sensibiliza la percepción del acto mismo, pues representa un lenguaje que trasciende a las palabras y a las significaciones.  Sólo a través de ellas, de su toma de consciencia, se puede cultivar la pasión misma de Eros y así convertir las prácticas sexuales en vías de bienestar, placer y plenitud.

Redacción

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