Tienes que poner esto en práctica para un aprendizaje exitoso y duradero

La Revolución Industrial, cuando los niños solían asistir a un trabajo obligatorio en vez de un salón de clases, fue un parteaguas para la concientización sobre los derechos de la educación infantil. Desde entonces numerosos especialistas se han dedicado a encontrar métodos pedagógicos que brinden herramientas para el éxito de los niños. Sin embargo, ¿a qué se refieren los científicos con el éxito?

Durante este periodo histórico, los gobiernos de numerosos países tenían un objetivo principal: la abundancia financiera a través del trabajo obrero –recordaremos que por esta época se acercaba la I Guerra Mundial por lo que se requería, en la medida de lo posible, grandes cantidades de materias primas como el carbón–. Adultos mayores, adultos, adolescentes y niños formaban parte de esta dinámica, pues eran ellos quienes producían una mayor cantidad de dinero. Sin embargo, cuando los niños dejan de trabajar, se pierde una gran parte de la efectividad financiera de su desempeño laboral. Por lo que, ante la angustia de perder la guerra y sufrir de pobreza, la educación infantil tuvo un enfoque principalmente capitalista: el bienestar económico sobre el bienestar emocional.

Para ese momento, ese sistema educativo tuvo el objetivo de sobrevivir ante una guerra al brindar herramientas principalmente matemáticas y lingüísticas, después humanísticas y finalmente las artísticas. Notaremos entonces que ese sistema educativo explotó a las mentes como único recurso hacia el éxito financiero y económico, llevando hacia un lado el bienestar emocional y psicológico. Las consecuencias de ello fueron abrumadoras: nos encontramos generaciones en las que los principios fundamentales eliminaron el balance entre el éxito profesional y el éxito emocional…

Y apenas ahora la neurociencia ha logrado redefinir los principios fundamentales de la educación moderna. De acuerdo con los estudios realizados por Francisco Mora, el elemento esencial en el proceso del aprendizaje es la emoción –“sólo se puede aprender aquello que se ama, aquello que le dice algo nuevo a la persona, que significa algo, que sobresale del entorno de la Neuroeducación”–. En otras palabras, la empatía a través de la alegría.

Los niños hoy aprenden, desde muy pronto, conceptos abstractos en habitaciones con ventanales sin mucha luz o luz artificial, con el rigor y la seriedad de maestros que se aleja de aquel “juego” primitivo que generaba aprender y memorizar de lo sensorial directo, “con alegría”, base de la atención y el despertar de la curiosidad. […] Es un primer principio básico de la enseñanza con el que se puede llegar a aprender y memorizar mejor. Estos principios se pueden extender en su aplicación no solo a la enseñanza básica o durante la adolescencia sino a los más altos estudios universitarios o a estudios aplicados sea la empresa o la investigación científica.

Para él, conocer cómo funciona el cerebro revitaliza la enseñanza y la pedagogía. Gracias a la neurociencia es posible saber con detalle cuáles son las áreas del cerebro que trabaja aquello que llama la atención, genera emoción y permite salirse de la monotonía:

La atención, ventana del conocimiento, despierta cuando hay algo nuevo en el entorno. Ese ‘algo nuevo’ apela, como hace millones de años, a la supervivencia como último significado. La atención nace de algo que puede significar recompensa (placer) o castigo (peligro) y que por tanto tiene que ver con nuestra propia vida. Pero con el devenir evolutivo y la propia civilización, aprender y memorizar son mecanismos que los hemos llevado a unos niveles tan abstractos y de tan alto calado social que escapan y se han venido alejando de las raíces inviolables, genéticas y evolutivas, de aquella alegría que en su origen significó verdaderamente aprender y memorizar.

Twitter de la autora: @deixismj

Redacción

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