Este niño con cáncer y síndrome de Down te dirá por qué tienes que sonreír ante la adversidad

El cáncer —que, en términos generales, es la mutación anormal de ciertas células del cuerpo— es una de las enfermedades más agresivas que puede padecer un ser humano, lo cual es todavía más doloroso cuando se trata de niños, que también son susceptibles de este mal. Por lo menos en México, cada año se presentan más de 3 800 casos en niños de entre cinco y catorce años de edad.

Tener cáncer es un proceso doloroso que no sólo afecta a nivel físico, también emocional. Como si se tratara de pequeñas bombas que van minando la esencia de un padre, una pareja, un hermano, un hijo o un amigo, el cáncer sólo permite sentir coraje, tristeza y esperanza. Quizá es este último elemento el que con un poco de fe, puede hacer milagros y convertir lo imposible en posible, lo enfermo en resiliente.

Y es este el mensaje que Mason, miembro de la familia Trempealeau, está esperando compartir con el mundo. Él, de tan sólo cuatro años de edad, adora jugar con sus juguetes, sus hermanos y sus compañeros de escuela. Sin embargo, él, con síndrome de Down, fue diagnosticado con leucemia linfoplástica dos días antes de Navidad del 2013…

Tras pasar nueve días en el hospital, desde Navidad hasta Año Nuevo de ese año, Mason pasó un mes por quimioterapia. Y aunque ahora está en fase de mantenimiento, la cual es la parte más larga del tratamiento para leucemia, sus avances han sido increíbles. De acuerdo con su doctora, Dr. Jennifer Orozco, la mayor parte del tiempo él se siente bien aunque tenga que tomar pastillas cada día que le producen náuseas de vez en cuando: “Él se divierte cada vez que viene aquí, disfruta su estancia. No es como ir con el típico doctor. Viene aquí, corre, juega y tratamos de estar bien entre todos.”

 

¿Qué es lo que especial que mantiene Mason? La esperanza de vida que él guarda en su ser, a pesar de los dolores físicos: “Trabajar con él no es sólo sentarse en una oficina y tenerlo quieto durante los exámenes y regresarlo a casa. Es jugar con él y que esté en movimiento. Él tiene la habilidad de hacernos sonreír sin importar la gravedad del asunto. No importa qué esté haciendo siempre y cuando mantenga una sonrisa en su rostro.”

Su sonrisa, llena de vitalidad y gratitud, es este elemento indispensable que la medicina aún no puede reemplazar para el éxito de un tratamiento. Es esta misma sonrisa de Mason la que ha provocado que el 85 por ciento de la enfermedad esté curada: “Ha pasado por demasiadas cosas, y aún así él sigue sonriendo. Puede que haya recibido una inyección, y cinco segundos después ya está sonriendo.” Es una sonrisa de fe que seguramente podrá motivar a otros niños y adultos a pasar por momentos de crisis como él.

Redacción

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