¿Debería abandonar a mi pareja si tiene una infección de transmisión sexual?

Para qué mentir. La realidad es que es una persona a la que amas y te imaginaste hacer tu vida a lado de ella. Nunca llegaste a pensar que, tras el idilio del enamoramiento, surgiera un problema de esa calibre. Una Infección de Transmisión Sexual, ese virus que navega en el amor capaz de afectar a 350 millones de personas al año…

Surgen cientos de preguntas y dudas acerca de la ITS, la decisión de si quedarse o no en esa relación, qué es lo que implicaría amarla con ese gran estigma que es ese bicho que le prohibe amar o tener prácticas sexuales sin preservativo –aún con una pareja estable… La cabeza se vuelve un torbellino y no sabes qué hacer. Es la primera vez que fumas un cigarrillo después de años de haberlo dejado. 

Sabes que lo mejor –sino que lo más fácil– es terminar con esa persona; sin embargo, pensar en ello te revuelve el estómago y destroza tu mente. La amas demasiado y sabes que no quieres perderla… Pero, de nuevo, ¿cómo poderla amar con esa infección que obtuvo mediante el intercambio de fluidos corporales mediante la penetración por la vagina, el ano o el sexo oral, e inclusive sólo haber tocado una piel infectada?

Luchas contra tu pensamiento que te prohibe amarla con virus del papiloma humano (VPH), virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), sífilis, herpes, chancro o chancroide, linfogranuloma venéreo, granuloma inguinal, infección por citomegalovirus, gonorrea, clamidiasis, candidiasis, tricomoniasis, vaginosis bacteriana, uretritis gnocócica, uretritis no gnocócica, escabiasis (sarna), pediculosis de pubis, moluscos contagiosos, virus Epstein Barr, virus herpético humano tipo 8, etcétera. Cuando te cuestionas las razones por las que no puedes amarla, te das cuenta que principalmente es por este miedo a que te pueda infectar a ti; la ignorancia de los demás disfrazada de puritana y santa moral como un castigo divino; la vergüenza ante las críticas, las burlas y los insultos; la esterilidad o dificultad de procrear hijos por cuenta propia. El prejuicio, el miedo y el reproche son las condenas que pesan en la balanza del amor; y sólo eres capaz de sentir un nudo de dolor por su estúpida sentencia, aunque esa persona sea lo que más quieres…

¿Entonces sólo queda ahogar los sentimientos y muchos momentos más de amar?

Quedarte con esa persona que amas y respetas profundamente según sus acuerdos convenidos de pareja, implicaría muchos cambios en su vida estando juntos. Sabes, de entrada, que las prácticas sexuales deberán ser más responsables y sin riesgo. En alguna ocasión leíste a un autor, quizás llamado Iván Arango de Montis (2008), que decía que las prácticas y los comportamientos sexuales que reducen el riesgo de contraer y transmitir infecciones de transmisión sexual se expresan en los planos personal, interpersonal y comunitario. Inclusive te acuerdas que afirmaba que estos comportamientos que debían adquirir a partir de ahora requieren basarse en la autonomía, la madurez, la honestidad, el respeto, el consentimiento, la protección, la búsqueda del placer y bienestar:

No se pretende causar daño y se abstiene de la explotación, acoso, manipulación y discriminación. Se fomenta los comportamientos sexuales responsables al proporcionar la información, recursos y derechos que las personas necesitan para participar en dichas prácticas.

Por tanto, si decides quedarte con él o ella, sabes que necesitas la información adecuada y veraz para lograrlo; como por ejemplo, un médico especialista en casos de ITS que sea capaz de asegurar la salud de ambos miembros de la pareja como una serie de comportamientos responsables en relación con la salud sexual entre ambos.

Empiezas a investigar y descubres que para cada ITS existen numerosas maneras de detectar, intervenir y prevenir. Tú lo ves en tu pareja y temes que empieces a sentirlos en tu cuerpo: dolores en el vientre bajo, condilomas (o verrugas), úlceras, secreciones purulentas, flujos vaginales amarillos verdosos, tumefacciones dolorosas, infecciones pélvicas inflamatorias, secreciones vaginales abundantes, fétidas y nauseabundas, etcétera. E inclusive verla o verlo sufrir por todo el proceso que implica tanto la infección como el tratamiento. Sabes que es doloroso, y aún así te vuelves víctima de una frustración por no poderlo impedir. ¿En verdad piensas pasar tu vida a lado de una persona enferma?

Continúas leyendo e informándote. Piensas que el amor es más que suficiente; que pasarán por etapas difíciles y que, aún así, lograrán cumplir sus sueños en pareja. Pero… ¿y el sexo? Si decides quedarte con él o ella, sabes que van a tener que hablar acerca de ello. Acerca del acuerdo o la negociación que necesitan ambos para saber cuándo, donde y cómo influenciará el sexo en esa relación formal. El entusiasmo y la excitación ya no podrán bloquear el buen juicio. Te imaginas hablando con él o ella buscando el momento oportuno para hablar, respirando profundamente mientras la o lo miras a los ojos, tratando de comunicarte con firmeza pero con tranquilidad, evitando tartamudear ni hacer silencios muy prolongados, intentando expresar sólo lo que te preocupa y respondiendo a los comentarios de manera objetiva, aprendiendo a escuchar realmente y a exigir ser escuchado. Imaginas que es muy importante poder llegar a un acuerdo factible que permita ayudar a conocerte, a expresar tus necesidades, a escuchar al otro y, sobre todo, a saber lo que se está dispuesto a dar y a recibir (así como pedir a cambio). Incluyendo las prácticas sexuales seguras y protegidas para ambos…

Leíste en algún lado, en un artículo de Tirso Clemades Pérez de Corcho (2008), que el objetivo de las relaciones sexuales más seguras es evitar el intercambio de fluidos corporales –semen, líquido preeyaculatorio, sangre, fluidos vaginales– entre los dos. Él decía que existe una gran variedad de prácticas sexuales más seguras, como: dar y recibir caricias cuerpo a cuerpo con ropa (o sin ésta), estimularse los órganos sexuales en pareja, emplear juguetes sexuales sin intercambios, ver vídeos sexualmente explícitos, escuchar o ver grabaciones con altos contenidos eróticos, leer revistas, novelas y cuentos eróticos, frotar los cuerpos con ropa y sin ella, bailar desnudos, bañarse juntos, dar y recibir masajes, dar y recibir en labios y cuerpos, mirarse a uno mismo desnudo o mirar a los otros también desnudos, simular la penetración entre las piernas, las axilas o detrás de las rodillas, disfrutar los olores del cuerpo, contar historias eróticas por teléfono, dibujar cuerpos desnudos, empezar un juego divertido empleando palabras en doble sentido, y usar todo lo que con imaginación y creatividad resulte en disfrute sexual seguro. Inclusive que las relaciones sexuales protegidas, esta respuesta a la necesidad de reducir el riesgo de infecciones al tener una penetración durante las relaciones sexuales, desarrollaron prácticas durante la penetración anal, vaginal u oral; como por ejemplo, hacer uso del condón durante las penetraciones anales y vaginales, unos guantes (cual de médico) para estimular manualmente los genitales de la pareja, o unas láminas o un pedazo de plástico para el sexo oral. Cada uno de estos elementos funcionan como una barrera –de tejido de animales, de resina sintética, de látex o de poliuretano– permitiendo tanto la prevención de las ITS como del goce de la sexualidad.

Ves toda la información y te das cuenta que falta conocer muchísimo más. Hay algo dentro de ti que sale motivado para escoger quedarte con él o ella, a pesar que sabes que habrá una serie de complicaciones que volverán difícil la relación misma. Pero estás dispuesto a ver la relación en su totalidad, a él o ella como un ser que merece amar y ser amado. Porque el amor es la respuesta a la salud tanto psíquica como física; es el generador de cambios que, aplicado de manera adecuada, puede cambiar la vida de una persona como de generaciones…

 

Twitter de la autora: @deixismj

Redacción

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