Después de leer cómo el dormir afecta al crecimiento, querrás hacerlo más tiempo de lo que acostumbras

Abuelos, tíos y padres siempre se han encargado de recordarnos que, para crecer fuertes y altos, necesitamos de comer y dormir adecuadamente; sin embargo, ¿cómo poder negarnos esos pequeños placeres que implican dormirse hasta altas horas de la noche o consumir alimentos que son grasosamente deliciosos?

La realidad es que el estilo de vida al que nos sometemos para sobrevivir en una ciudad, nos obliga a extender nuestras horas de actividad diurna y a consumir alimentos con altas dosis de azúcares o grasas para mantenernos activos. Esto, en consecuencia, afecta no sólo a nuestro desempeño diario, también a nuestro desarrollo físico, mental y emocional.



De acuerdo con la data científica, el impacto de la privación de horas de sueño puede afectar las conexiones neuronales relacionadas con el crecimiento físico. Es decir que el cuerpo requiere del óptimo funcionamiento del cerebro para estimular eventos biológicos en la sangre, órganos, músculos y huesos a través de la hormona del crecimiento (segregada por la glándula pituitaria); el cual se ve influenciado por una nutrición adecuada, niveles balanceados del estrés, la frecuencia de la actividad física y, evidentemente, la recuperación mental y física a través del sueño. De lo contrario, la hormona del crecimiento no podrá liberarse y fungir como facilitador del desarrollo, provocando problemas en el crecimiento físico, enfermedades cardiovasculares, inmunológicas, debilitamiento de los pulmones, trastornos del sueño (incluyendo apneas) y de la alimentación; así como tener afectaciones las habilidades motoras y la concentración durante el día, las cuales pueden resultar en accidentes y problemas de conducta, etcétera.

Para promover la producción de la hormona del crecimiento, puedes realizar una serie de ejercicios y dinámicas útiles para el desarrollo; como por ejemplo, establecer un horario consistente para dormir (Niños en temporada de escuela necesitan estar en la cama entre las 8 y 9 de la noche –y más temprano si son más chicos–); establecer una rutina para dormir, la cual permitirá entrenar al cuerpo a desconectarse de ciertos estímulos para dormir como tomar un baño, un pequeño snack, un cuento, platicar o cantar mientras se le arropa; asegurarse que la recámara sea un espacio relajante, tranquilo y oscuro, evitando la presencia de computadoras y TV; reducir actividades estimulantes antes del horario de dormir; mantenerse apegado a un horario y rutinas de dormir aún durante fines de semana y vacaciones. 

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