El papa Francisco autoriza el perdón a mujeres que se han sometido al proceso del aborto

Con la expansión del catolicismo desde el siglo I d.C., surge una especie de puritanismo en relación con el placer sexual. Se trató de una nueva estructura económica, social e ideológica, la cual se encargó de recolectar e implementar toda una serie de normas conductuales derivadas del judaísmo, greco-latinismo y gnosticismo. Fue de este modo que se creó un manual de conducta, que contenía un vocabulario nuevo, definiciones y clasificaciones de conductas correctas, logrando establecerse como un control tanto social como ideológico por parte de las clases dominantes y la aristocracia. 

Entre las conductas que se oponían a este nuevo estilo de vida, se encontraban la vida sexual fuera del ámbito conyugal (y ciertas características dentro de él), el amor y la pasión amorosa, la homosexualidad y la bisexualidad así como el aborto. Notaremos que la prohibición (o recriminación) de estas prácticas sexuales implican no sólo la dominación de un grupo social sobre una minoría, también un impacto negativo en la salud sexual de dichas minorías; y que, además, ¡estas premisas nos han acompañado alrededor de 20 siglos a través creencias, vivencias, conductas y expectativas de vida!

Por esta razón es indispensable traer a consciencia cuáles son las conductas sexuales que nos generan culpa, y procurar indagar a profundidad de dónde viene esta sensación que nos hace sentir mal.

La culpa se trata de un sentimiento de origen social que toca fibras delicadas de la necesidad de gregarismo y aceptación por el grupo social en el que habitamos. Por tanto, cuando dejamos de cumplir con las expectativas –o manuales de conducta de lo que es correcto– de una cultura, tememos a la crítica, el rechazo o al acoso por parte de la familia, los amigos, autoridades de cualquier religión o inclusive de desconocidos.

No obstante, en los últimos años, desde la llegada del papa Francisco como el representante máximo de la Iglesia católica y romana, han surgido una serie de cambios en torno a este manual de conducta tan antiguo. Desde la aceptación de la minoría homosexual hasta la inclusión del uso de preservativos fuera y dentro del matrimonio, son sólo algunos de los cambios integrativos que este papa ha hecho a lo largo de su reinado sagrado.

 

Ahora el pontífice de la Iglesia abre el tema del aborto. A lo largo de 2 000, el aborto se ha considerado como un pecado intolerado por los principios de esta religión, provocando que las mujeres que se someten a este proceso se vuelquen en sentimientos de culpa, vergüenza, soledad y depresión – a pesar de ser una decisión personal por derecho humano propio, y por tanto no requiere el perdón de nadie.

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El papa Francisco ha permitido que, durante el Año sagrado o de “Júbilo”  todos los sacerdotes , el clero y los misioneros sean capaces de brindar el perdón a las mujeres que han pasado por el proceso del aborto: “Esto no significa que se planea minimizar la gravedad del pecado pero expandir la posibilidad de mostrar clemencia.”

Esta fue la carta que el papa Francisco deliberó en torno al tema del aborto, permitiendo que millones de mujeres y hombres se acerquen a la Iglesia católica desde su giro integrativo:

Uno de los problemas más serios de nuestros tiempos es la relación cambiante en relación con la vida. Esta mentalidad generalizada e insensitiva ha provocado la pérdida de la sensibilidad social y personal para darle la bienvenida a la vida nueva. La tragedia del aborto es experimentado por algunos con una consciencia superficial, como si no se dieran cuenta del daño extremo que tal acto puede desencadenar. Muchos otros, por otro lado, que han experimentado este momento como una derrota, creen que no tienen otra opción. Creo en particular que todas estas mujeres que han recurrido al aborto. Esto consciente de la presión que las ha llevado a tomar esta decisión. Conozco que es un pesar existencial y moral. He conocido a mujeres que cargan en su corazón esta cicatriz de esta decisión agonizante y dolorosa. Lo que sucedió es profundamente injusto; sin embargo sólo comprendiendo la verdad de ello puede volvernos capaces de no perder la fe. El perdón de Dios no puede negarse si uno se ha arrepentido, especialmente cuando la persona se acerca al Sacramento de la Confesión con un corazón sincero con el fin de obtener la reconciliación con el Padre. Por esta razón también, he decidido, a pesar de todo lo contrario, el conceder a todos los sacerdotes para el Año de júbilo la discreción de absolver el pecado del aborto a aquellas que han recurrido a él y quienes, con el corazón arrepentido, buscan el perdón de ello. Los sacerdotes serán capaces de realizar esta gran tarea al expresar palabras de bienvenida genuina combinadas de reflexión que explique la gravedad de los pecados cometidos, además de indicar un camino de conversión auténtica  para obtener el perdón verdadero y genero del Padre que renueva todo con su presencia.

Redacción

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