Tener poca leche para amamantar…

Una puede imaginarse que amamantar es una labor sencilla: es cuestión de acercarle el pezón al bebé para que éste se ensanche y comience a alimentarse. Cuando en realidad, la lactancia es un proceso que requiere de cuidados, atenciones e información adecuada para forzar este vínculo de nutrición y afecto.

Sin embargo, hay ocasiones en que, a pesar del deseo nato de la madre por amamantar a su bebé, ella se enfrenta a desafíos de tener poca leche. Esto provoca que la leche materna sea sustituida por leche de fórmula, y por consiguiente, suceda un destete prematuro. En palabras de Mamás Gallina, es recurrente una situación en que una mamá, luego de darle el pecho a su bebé, éste sigue llorando o vuelve a pedir al poco rato: “Lo que ocurre entonces que ‘prueban’ en darle biberón y ven que luego de tomarlo no vuelve a pedir hasta dentro de tres horas. La madre concluye entonces que no tiene leche suficiente.”



Creer que no se cuenta con suficiente leche puede verse relacionado con creencias como: el bebé está constantemente insatisfecho o duerme demasiado porque está débil; es prematuro y nació con poco peso, por lo que necesita biberones, o, por el contrario, con demasiado peso que no se “hará sólo con pecho”; está mamando mucho rato porque, “claro, no sale nada”; la leche es aguada; el niño llora de hambre o no llora en absoluto porque sabe que no hay leche; hubo problemas en lactancias anteriores o familiares o de amistades; el bebé gana poco peso (y por tanto necesita de más comida); el bebé no quiere la leche porque no es buena…

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Cuando en realidad, lo que sucede es que estamos siendo víctimas de la desinformación acerca de la lactancia.

Es normal tener poca leche las primeras semanas. Por otro lado, la cantidad de leche materna dependerá de la cantidad de veces y la fuerza con la que succiona el bebé al pezón: “Mientras más veces y por más tiempo el bebé succione más leche se estimulará a producir. Es por esto que la lactancia materna a demanda es la que promueve mayor producción de leche materna.” Esto quiere decir que si el bebé está pidiendo leche cada 30 minutos, una u dos horas, está haciéndolo hasta que salga la cantidad que le ayude a saciarse.

Además debes recordar que la leche materna se digiere mucho más rápido que la leche de fórmula; por lo que el bebé lactante tendrá hambre más seguido que aquellos que toman biberón. Esto sucede debido a que la proporción de proteínas de suero y caseína (proteína común en la leche de los mamíferos) es más fácil de digerir.

Si el bebé aumenta de peso, significa que la madre tiene la suficiente cantidad de leche. Es decir que el peso es el mejor indicador para saber si el bebé está tomando la cantidad de leche suficiente para su desarrollo. Si bien los recién nacidos pueden perder entre un 4 y 6 por ciento de peso durante los primeros dos días, al tercero comienzan a recuperarse hasta que, a la semana de haber nacido, habrán ganado peso. Otro indicador importante son las deposiciones y micciones; es decir que, si un bebé hace menos de tres deposiciones (con poca consistencia) al día durante las primeras semanas, hay que comprobar si está alimentándose lo suficiente. Ante la ausencia de micciones, es representativo de estar recibiendo poca leche, lo que requiere de intervención inmediata.

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La revista digital Mamás Gallina explica que es importante evaluar el llanto, ya que muchas mamás piensan que sus bebés lloran después de lactar porque tienen hambre. Sin embargo, los bebés pueden llorar por múltiples razones:

Primero asegúrate de haberlo dejado lactar todo el tiempo que el bebé desee y piensa en colocarlo en tu pecho otra vez y todas las veces que sea necesario hasta que quede calmado. Si eso no lo calmó quizás podría tener gases. Evalúa lo que estás comiendo. Restringir los lácteos, menestras y comidas pesadas al principio de la lactancia podría aliviar los gases en los bebés que toman leche materna a exclusividad. Una vez que la lactancia esté bien instaurada se puede ir regresando a la comida habitual poco a poco. Y por último si tu bebé llora inmediatamente cuando lo pones en su cuna luego de haber lactado muy seguramente lo que desea tu bebé es que no lo dejes en su cuna. Los bebés aman los brazos y eso no es algo malo sino totalmente normal. Tenlo en tus brazos todo el tiempo que quieras y puedas. Cuando menos lo pienses tu bebé estará corriendo y tus brazos no serán su necesidad primaria como ahora.

Tip: si te sientes muy agobiada por el llanto de tu bebé y sabes que es por hambre, evalúa darle un biberón de fórmula. SIN EMBARGO, usa un extractor de leche para reemplazar esa toma. Recuerda que mientras más succión haya más leche se producirá.

Recuerda que la mejor guía es el peso de tu bebé y la cantidad de pañales que tanto moja como ensucia. Sólo así sabrás si tienes la suficiente leche para amamantar a tu bebé.

Fotografías: Diosas amamantando