Aprende a desarrollar la intuición (la sabiduría de la contemplación)

Carl G. Jung, uno de los padres del psicoanálisis, solía explicar que un ser humano establece una conexión entre el aprendizaje y los vínculos sociales utilizando cuatro procesos básicos: dos procesos perceptivos (sensitivo e intuitivo) y dos procesos para la toma de decisiones (racional y emocional). Es decir que, en palabras de Jung, “el sensitivo nos dice que algo existe, el racional nos dice lo que es, el emocional nos dice si es agradable o no y el intuitivo nos dice de dónde viene y hacia dónde va.”

Para él, estas cuatro funciones (sensitivo, intuitivo, racional y emocional) pueden expresarse de forma distinta, lo cual va a depender si la persona tiene preferencia hacia la extroversión o a la introversión. Habrá ocasiones en que a veces seamos más racionales que emocionales; más sensitivos que intuitivos; o viceversa en ambos casos. Por ello es importante crear un balance entre esos cuatro procesos, y para lograrlo, es necesario escuchar a la intuición para cuidarnos a nosotros mismos y, por tanto, a trascender.



La intuición, este fenómeno casi espiritual, es una especie de sabiduría alcanzada (y experimentada) gracias a la contemplación. Para poder ser intuitivo, una persona necesita, antes que nada, contemplar desde el silencio en el aquí y en el ahora. Esta conexión mente y cuerpo, donde permitimos estar sin pensamientos recorriendo los pasillos del pasado o del futuro, permite escuchar una voz sutil y, a la vez, poderosa. Pero, ¿qué pasa si dejamos de estar en conexión mente y cuerpo?

Para permitir sentir la intuición en nuestra psique, y por tanto crear un balance en el aquí y en el ahora, necesitamos trabajar en ello. Y todo comienza trayendo a consciencia la existencia y sensaciones del cuerpo: respira profundamente (desde el diafragma) con los ojos cerrados, y comienza a notar cómo se siente tu cuerpo mientras está sentado, la textura de la ropa, el aire que entra y sale por las fosas nasales, la temperatura. Durante este periodo, procura alejar todo pensamiento de tu mente; enfócate en la respiración y las sensaciones. Al abrir los ojos, observa atentamente el espacio en el que te encuentras: ¿notas cosas diferentes?

En este estado contemplativo, donde sólo sientes (y no juzgas por sentir), es cuando se puede dar inicio al proceso de intuición. Escuchar o sentir los pensamientos sin juicio, permitiendo que pase por nuestro cuerpo y reconociendo las sensaciones que levanta. Y entonces habla contigo, cuestiónate tus pensamientos. Las impresiones intuitivas son, en la mayoría de las ocasiones, sutiles y pueden evaporarse de manera rápida. Por ello es importante que, primero, dejemos que fluyan los pensamientos y las sensaciones que los acompañan. En caso de ser necesario, escríbelos: esto le dará sustento a tus pensamientos, dándote una sensación de empoderamiento.

Una vez que aprendiste a distinguir y validar tus pensamientos y sentimientos, confía en ellos. Es cuestión de comprender que, si los sentimos, es por una razón; y se trata de un método de autocuidado. Toma una decisión con base en la sabiduría de tu existencia. ¿Qué mejor manera de autocuidarse y trascender?