Los niños más inteligentes tienden a mentir más, estudio confirma

Existen múltiples teorías que intentan explicar el origen de la mentira. Algunas de ellas, apoyadas por cánones morales, definen a la mentira como un pecado que intensifica un conflicto y, en consecuencia, empeora la calidad del pecado mismo. Otras, como la que defiende el filósofo Platón, existen situaciones que permiten la existencia de las mentiras (aunque, claro, esto es moderado por la importancia del hecho al que se refiere la mentira).

Sin embargo, ¿de dónde nace la mentira?



La mentira es, quizá, un método de regulación de la ansiedad, una posible solución a aquello que nos está generando angustia, enojo, tristeza, vergüenza o frustración. Podríamos decir que es un método de adaptación a un evento o una idea estresantes. Pero… si la mentira es un método de supervivencia, ¿por qué entonces hay personas que refuerzan su uso más que otras? Es decir, ¿por qué hay personas más mentirosas que otras?

De acuerdo con un estudio realizado por un grupo de psicólogos en la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, los niños que tienen mayor habilidad para los procesos cognitivos tienden a decir más mentiras.

Para la investigación, el equipo invitó a un grupo de entre seis y siete años de edad a jugar una trivia con ellos. El truco se concentró en brindarles oportunidad a los niños a revisar, rápidamente, las respuestas detrás de las tarjetas cuando “nadie estaba observando”, cuando en realidad había un grupo de especialistas observando del otro lado de la cámara de Gessell. Una vez que los científicos sabían exactamente qué niño había revisado la respuesta, se le preguntó acerca de la información que pudo haber obtenido al ver la tarjeta. Esto permitió a los investigadores medir las asociaciones entre la memoria y las habilidades verbales, aunque el objetivo era descubrir qué es lo que separa la buena mentira de la mala en edades tempranas.

 El objetivo en sí pretendía medir las habilidades verbales así como de la memoria, e inclusive separar lo que era una mentira buena de la mala en edades tempranas. En otras palabras, se pretendía medir dos diferentes tipos de memoria en este experimento: la memoria ejecutiva verbal y la memoria espaciovisual. Mientras que la primera se enfoca en el conjunto de las palabras que una persona puede recodar de pronto, el segundo se trata del número de imágenes que puede recordar en un momento.

En este estudio se mostró que los “buenos mentirosos” poseen mayores (y mejores) habilidades de memoria verbal. Este patrón sugiere que la memoria de verbal juega un papel en el procesamiento y manipulación de múltiples piezas de información relacionadas con decir mentiras. Es otras palabras, cuando las personas son creativas verbalmente en relación con la verdad, tienden a decir más mentiras.

Elena Hoicka, de la Universidad de Sheffield, explica que, si bien los padres no se enorgullecen de que sus hijos digan mentiras, pueden descubrir, con cierto alivio, de que sus hijos están mejorando en su desempeño cognitivo y en sus habilidades de memoria:

Ya sabemos que los adultos mienten aproximadamente una quinta parte de sus intercambios sociales que duran, mínimo, diez minutos, por lo que es interesante saber por qué los niños pueden tender a decir más mentiras que otros. Sólo podremos saber al respecto cuando descubramos la manera en que los niños aprenden a mentir.