¡Increíble! Esto es lo que sucede si no te quejas durante un mes

El estrés, en dosis adecuadas, es uno de los elementos principales para alcanzar metas y sueños. ¿O acaso no hemos llegado a sentir el deseo, aunque sea mínimo, de conseguir algo y actuar en consecuencia del mismo? Por ejemplo, la planificación de una familia: se desea tener un hijo y, por tanto, se toman acciones para lograrlo.

Sin embargo hay ocasiones en que el estrés nos absorbe, como si fuera una enorme burbuja negra que chupa motivación y alegría. En esas ocasiones, somos capaces de sentir cómo un abrumo penoso nos golpea, dando paso a la frustración, ansiedad, enojo o tristeza. Esto, de manera casi inevitable, nos lleva a tener pensamientos, sentimientos y conductas de carácter negativo: “y este lleva al odio y, como es bien sabido, el odio lleva al lado oscuro.” (Carlos Carabaña, 2015).

La conducta más popular de este espectro negativo es la queja. Bajo estos niveles de estrés, podríamos decir que entramos a un círculo vicioso donde nos sentimos desanimados, nos retroalimentamos con quejas y, por ende, nos sentimos aún más desanimados. Es así que nos quebrantamos, sufrimos, penamos, resentimos, y todo sin una salida victoriosa del problema.

Ante esta situación, los amigos Thierry Blancpain y Pieter Pelgrims, decidieron establecer en febrero un proyecto llamado Complaint Restraint February, el cual tiene el objetivo de que, durante un mes, uno no puede quejarse. Tras aclarar que quejarse no es “malo” per se, sino que la idea es dejar de hacerlo por las pequeñas cosas que realmente no importan. Como por ejemplo: “La lluvia, el bebé que llora en el restaurante, el jefe que te hace estar una hora más en la oficina, el autobús que perdiste para ir al trabajo”. En pocas palabras, acontecimientos que, vistos con perspectiva, no importan y son una pérdida tanto de tiempo como de energía: “Si tenemos comida, casa, familia, amigos… ¿no deberíamos ser felices?”

Repetir constantemente este cambio de actitud brinda beneficios a la salud, dice Blancpain: por un lado, incrementa la sensación de felicidad y, por otro, se adquiere conocimientos sobre la forma en que nos comunicamos los seres humanos. Inclusive, durante el mes en que se deje de quejar, seremos capaces de notar que cómo es el ambiente en que nos rodea, distinguiendo de los estímulos negativos que nos vuelven infelices: “Puede sonar duro, pero creo que no es razonable pasar tiempo con una persona con la que nos sentimos peor después de quejar”.

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Para ambos amigos, el truco es darle “la vuelta a las quejas, y convertirlas en sugerencias positivas”. Es decir, traducir en actitudes y actividades positivas aquello que nos estresa. Por ejemplo: “Si alguien viene y me cuenta que alguna pequeña cosa negativa sobre su trabajo, le pregunto si no cree que su jefe horrible es señal de que debe buscar un nuevo empleo. […] Cuando hace malo y no se puede estar en la calle, le sugiero ir a “ver una peli”.

Al redirigir esta energía, se pretende alcanzar un nuevo estado de consciencia, donde el bienestar tanto de uno como de los demás será un vínculo de retroalimentación, donde uno forma parte del todo, y el todo forma parte de uno: “Puedas dejar de quejarte ahora mismo, estás donde estés, y tener un mejor marzo, abril o junio […] Solo recuerda, si algo “realmente malo” ocurre en tu vida, mejor “cuéntaselo a tus amigos. Se supone que tiene que hacerte sentir feliz, no miserablemente solo.”

Redacción

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