Hermoso homenaje fotográfico a la paternidad consciente, responsable y amorosa

Hablar sobre la paternidad es difícil.

¿Cómo podemos hablar de este tema que puede provocarnos un dolor tan profundo al que, ante la constancia de la intensidad, nos acostumbramos a su presencia? Siempre quisimos a un papá que fuera expresivo con sus emociones, comprensivo con nuestras limitantes o nuestros deseos, menos represivo o emocionalmente más presente.



Sin embargo, la realidad es que nuestra experiencia del paternaje se ve influenciada, en mayor o menor medida, en la expectativa social de lo que es ser un hombre, un padre, un fundamento de la familia. Solemos meter en un juicio muy rígido a esta figura paterna si éste no cumple nuestros deseos más profundos,  sin tomar en consideración las limitantes o incapacidades que un hombre puede enfrentar con un hijo. En otras palabras, dejamos de tomar en consideración las propias capacidades y habilidades que nuestro padre aprendió de su propio padre, de las experiencias de la vida o de lo que la cultura le permitió demostrar, y nos enfocamos únicamente en el dolor que nos causó al no cumplir perfectamente su rol.

¿Cambiaría en algo si comprendiéramos que nuestro padre no contaba con los mejores recursos afectivos, y sólo dio lo que él consideró que era lo mejor para sus hijos?

La respuesta puede variar. Pero lo importante va a ser que, dentro de esta premisa, salimos de un pensamiento de víctima y verdugo; y entonces entramos en uno en donde la resiliencia nos promueve hacia un bienestar general, hacia un lugar donde nuestra pareja (o nosotros mismos) son capaces de brindar y expresar amor incondicional.